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Sueños

Nuestras vidas tienen 3 elementos fundamentales:

La vida en vigilia, la vida en los sueños, y las ensoñaciones o sueños despiertos que fabricamos con nuestra mente. De las 24 horas de un día generalmente 16 horas las dedicamos a estar despiertos.

En esas horas hacemos nuestras labores cotidianas casi de forma mecánica al levantarnos, asearnos y comer, etc. Luego dedicamos aproximadamente 8 horas al trabajo profesional o al estudio. Las 8 horas restantes son supuestamente para dormir. Pero en realidad durante el reposo nuestro cerebro sigue activo trabajando.

Mientras dormimos estamos procesando infinidad de datos de información del presente, del pasado e inquietándonos del futuro si es que tenemos pendientes.

¿Cuántas veces no has estado soñando en resolver los pendientes del día o enncontrar una solución a aquello que te agobia?

Y durante la vigilia—en ocasiones–, también soñamos lo que queremos. Es decir, hacemos planes, tenemos ensoñaciones de aquello que ambicionamos: Soñamos un viaje anhelado, una casa, un auto o un romance. Infinidad de cosas que se desean y se construyen a base del sueño de vigilia.

Esa ensoñación la hacemos con nuestros cinco sentidos y no requerimos de dormir para imaginarlo.

La parte enigmática siempre serán las 8 o menos horas en que nos sumergimos en el letargo del inconsciente.

Sigmund Freud realizó una amplia teoría de los sueños. La mayor parte de ellos explicándolos desde el punto de vista de la sexualidad. Sin embargo, no todo lo que soñamos tiene que ver con el erotismo.

Hay personas que recuerdan de forma impresionantemente clara lo que soñaron la noche anterior y hay otras personas que materialmente no recuerdan lo que soñaron justo hace un par de horas.

Si analizamos fríamente el asunto podemos decir que llevamos por lo menos una doble vida. La vida despierta y la pida en las tinieblas de los sueños.

Hay épocas en que “te da” por soñar con cosas o personas del pasado. Los que ya se fueron, las casas que ya no habitas, los lugares que hace mucho ya no están en tu cotidianeidad. Son sueños retrospectivos o nostágicos.

Otros sueños son de situaciones nunca antes vividas y a veces con personas que ni conoces.

Hay sueños que se repiten una y otra noche, son recurrentes o repetitivos.

Otras temporadas no sueñas nada y generalmente en tu primer infancia soñaste pesadillas que te despertaban lleno de angustia.

Los sueños que anticipan el futuro no son muy comunes y no todas las personas los llegan a tener. Son los sueños premonitorios.

En lo personal, yo tuve una época de sueños premonitorios que –afortunadamente ya no tengo–, pero que eran realmente angustiantes y dramáticos cuando se convertían en realidad.

El más vivido y claro fue uno que me dejó como secuela perder un cliente.

El sueño fue muy colorido:

Iba yo manejando mi auto por la carretera a Toluca. Estaríamos por el kilómetro 14. De copiloto iba ése cliente que tenía.

Era una tarde luminosa de cielo azul, nubes blancas. De pronto, por el espejo retrovisor veo que viene cayendo un avión de fuselaje color blanco. Lo relacioné con un avión de la línea aérea Mexicana (ya desaparecida).

Alerto a mi acompañante, acelero el auto y veo como el avión cae sobre los autos que venían a nuestras espaldas, ardiendo, con vivos colores naranjas y rojos, se ven explosiones. Mi acompañante se preocupa porque la carretera quedaba bloqueada y yo le digo que toda mi infancia viví por la zona, que conocía los atajos y así finalmente salimos del infernal espectáculo y yo desperté.

Las siguientes semanas tuve junta con el cliente y se me ocurrió narrarle el sueño. Me escuchó con avidez y al terminar el relato me dijo:

“ ¡Qué bueno que era un avión de Mexicana! Yo estaré ausente quince días porque llevo a mi hija a Roma. Cumple quince años. Viajamos por American Airlines! Nos vemos para la próxima junta en 25 días”.

En ese lapso de días, ocurrió que estaba yo sentado en mi oficina, en junta con Ingrid, una mujer descendiente de Suecos. Aunque ya madura, se veía bella, de ojos azul profundo. Me miraba atenta cuando interrumpo nuestra conversación para contestar mi teléfono directo. Me hablaba mi socia Juanita. Juanita vivía en la parte alta de las Lomas de Chapultepec, cerca de donde se inicia la carretera a Toluca.

Estando en la conversación telefónica de súbito suena una fuerte explosión y se va la luz eléctrica.

Ella me dice: “¿Qué habrá pasado?”

Le respondí con toda naturalidad y seguridad que se había caído un avión en la carretera.

Mi socia, incrédula todavía me dice: “¿Cómo sabes que fue un avión? Voy a encender el radio de pilas que tengo” (pausa) y regresa con la sorpresa de confirmar que había caído un avión e la carretera y había muchos autos incendiándose.

Se inició un interminable aullar de sirenas de ambulancias y patrullas. Colgamos el teléfono.

El avión que había caído esa tarde era uno de carga y venía volando bajo con sobrecarga de caballos de salto.

Al acudir a la cita ya establecida con mi cliente, llegué acompañado de una compañera ejecutiva, nos pasaron a su sala de juntas.

Al entrar el cliente y verme, su rostro se desencajó.

Me relató su experiencia:

“Finalmente tuvimos que suspender el viaje a Roma. Mi hija tuvo un ataque agudo de apendicitis. La llevé de urgencias al Hosptal Inglés ABC que está en la avenida Observatorio. Era la tarde muy luminosa y de cielo despejado, yo estaba en la sala de espera mientras intervenían a mi hija. Esa sala tiene un ventanal que se veía la ciudad con una claridad extrema. De pronto veo un avión que viene volando bajo, pasa junto a la Torre de Mexicana y rasando sobrevoló el hospital. Me acordé del sueño que me habías contado.

A los pocos minutos escuché una fuerte explosión.

Me entero que ha caído el avión blanco en la carretera justo a unos kilómetros de distancia del hospital, en la parte alta de la salida a Toluca.

Un bullicio de ambulancias empieza a ensordecer el ambiente con sus sirenas. Los heridos son trasladados al área de urgencias del mismo hospital donde me encontraba. Eso se convirtió en una pesadilla”.

Al terminar de describirnos su episodio solamente me dijo: “Me das mucho miedo, por todo lo que coincidió con tu sueño. No lo tomes a mal, pero no quiero volver a verte.”

Los sueños a veces nos recuerdan que en la vida tenemos la oportunidad de tener ensoñaciones por las que podemos luchar para alcanzarlas y realizarlas.

También poder vivir –en paralelo–, la vigilia y soñar durante nuestro descanso. Pero lo terrible de todo es padecer la calamidad de los sueños premonitorios que nos alertan de lo que pronto será una realidad y que difícilmente se pueden evitar.

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