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Amargura

Existe un callejón que se le denominó “de la Amargura”. Siempre me pareció extraño que para una pequeña callecita se le pusiera tal nombre.
 
La palabra “amargura” viene del paladar, del sentido gustativo. Es muy simbólico porque es un desagradable malestar que sentimos en la boca y que permanece por largo rato en el paladar y lengua. La reacción inmediata que tenemos al introducir algo amargo es el rechazo, inmediatamente tratamos de eliminarlo, escupirlo, nos provoca asco y nos deja una sensación desagradable.
 
A partir de ésa desagradable sensación, se ha asociado la amargura a un sentimiento. Lo denominan en diccionarios como un sentimiento duradero de frustración, resentimiento o tristeza, especialmente por haber sufrido una desilusión o una injusticia. Aunque podemos diferir de esto ya que muchas veces la amargura no es producto de injusticia o desilusión sino que se da en personas que están peleadas con la vida.
La amargura es un sentimiento negativo. La amargura puede ser ocasional o permanente.
Ocasionalmente sí puede asociarse con injusticia o traición de alguien hacia tus sentimientos pero…definitivamente podemos detectar a cierto tipo de personas que son permanentemente amargadas.
Las viejas costumbres sociales achacaban la amargura a las personas solteras. Hoy en día encontramos a infinidad de personas que son muy felices siendo solteras y lo verbalizan con la famosa frase: “Más vale solo que mal acompañado”. No se trata de tener pareja o compañía, la amargura es algo más complejo.
 
Las personas que viven en permanente amargura podemos decir que se odian a sí mismos y por ende, odian a todo lo que les rodea. Refunfuñan y se quejan de todo.
Lo que no saben es que a medida que andas quejándote y viendo todo lo malo en todas partes, esa amargura va dañando al funcionamiento cerebral.
 
Hay estudios de neurofisiología donde las neurociencias han demostrado que en la masa encefálica de pacientes donde debido a la actitud permanente de estar quejándose, criticando y en un sentimiento continuo de amargura, se les encuentran secciones dañadas o reducidas en su conectividad en sus tomografías.
 
La persona con alto índice de amargura resulta tóxica y así como nuestro paladar rechaza lo amargo, las personas generalmente evitan a los individuos que están amargados. Son poco a poco marginados, se les excluye de las reuniones familiares o sociales y finalmente el vacío y abandono que se les va generando, recrudece su sentimiento de amargura. En pocas palabras, se les confina en el callejón de la amargura.
 
El mejor antídoto que cada uno de nosotros tenemos para evitar la amargura y el estar quejándonos continuamente es la auto-observación así como de los detonadores que ocasionan ese sentimiento.
De vez en cuando trata de observar tus reacciones y actitudes. Es importante que lo detectemos y nos digamos a nosotros mismos cómo podemos evitar el estar quejándonos sin ton ni son, criticar todo y comportarnos con amargura.
Es fácil que lo detectes en un inicio antes de que se vuelva crónico y que con la edad se agrave.
La ternura, dulzura y las sonrisas son buena medicina que elimina la amargura de tu mente y de tu paladar. Evita ir a un callejón sin salida.

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