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Tablas de multiplicar

Una de las maravillas que existen en éste mundo son los encéfalos (cerebros) de cada uno de los seres humanos que existimos en el planeta.

Es tan fascinante imaginar que cada una de nuestras cabezas fuese un planeta que formara parte de un enorme conjunto de astros o sistemas solares (familias) y a su vez esas constelaciones se integraran en galaxias (pueblos o países), tal y como si fuésemos una réplica del universo mismo.

El muy trillado concepto de que “cada cabeza es un mundo” parece ser vigente. Cada uno de nosotros trae su propia historia y su propia dinámica interior. Aún cuando pertenezcas a una misma familia o grupo social.

Deténte por un segundo y trata de dimensionar toda la información, las imágenes, vivencias, conocimientos, experiencias, emociones que encierras en tu propia mente.

Te asombrarás de la gran potencialidad que en ésa cabeza protegida por una caja de hueso duro y con ramificaciones neuronales que se esparecen como invisibles redes alrededor de todo tu cuerpo, encierra tanto, tanto de ti y de tu vida.

Por todo eso y más,me divierte mucho preguntarle a las personas:

¿Quién te enseñó las tablas de multiplicar?

Cada persona contesta diferente. A unos se las enseñaron en la escuela y todavía recuerdan el nombre de la maestra o maestro que les inició en ése ejercicio de memorización.

A otros se los enseñó su mamá, papá, tío, abuelo, etc.

No falta alguien que diga que las empezó a conocer en la televisión con Plaza Sésamo.

Y alguien, quizás para bromear, dice que se las aprendió en los semáforos de las calles donde además de vender chicles, andan vendiendo unos carteles de muchos colores que son gráficamente las tablas de multiplicar.

Lo que sí es evidente, es que todos usamos las mencionadas tablas de una u otra forma.

Los orígenes de esas tablas son dignos de ser investigados. Tanta es la nostalgia o aberración que les tenemos a las tablas de multiplicar que hemos mantenido viva o hemos borrado de nuestra memoria el cuaderno que tuvimos sobre nuestro pupitre para hacer las multiplicaciones.

Un día, ya con los años más que encima, entré a una librería del centro de la ciudad y vi el memorable libro de ALGEBRA de Baldor con su colorida portada de unos árabes. Lo compré. Sólo para sacarme la espina de que las matemáticas y en especial el algebra fueron de las materias que más mal me enseñaron y que por supuesto, llegué a sufrir. Sin embargo, ya con el libro en mis manos me dije a mi mismo, por qué no me reconciliaba con las tablas de multiplicar, las raíces cuadradas y el algebra.

Lo que siempre uso y muy pocos de los jóvenes de las nuevas generaciones dominan es la “regla de tres” que me enseñó una maestra en tercero de primaria.

La bendita regla de tres la uso casi en toda operación que necesite calcular o desglosar el impuesto del total de una sumatoria.

A lomejor así como en el universo existen hoyos negros, quizás algunos de nosotros mandó a esa inimaginable oscuridad, las tablas de multiplicar.

Por eso me atrevo a preguntarte:

¿Y a tí, amable lector, quién te enseñó las tablas de multiplicar?

 

 

 

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