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¿Quién ayudó a que floreciera el Renacimiento?

Las épocas oscuras de la Edad Media se caracterizan por las prohibiciones.

Todo debía estar centrado en la religión y en la nobleza. Tanto a los príncipes de la Iglesia como a los Príncipes y Reyes de las monarquías se les atribuía su investidura al poder divino. Eran la línea directa con els er supremo. Ahí radicaba el poder.

Los libros se elaboraban a mano y sus copias restringidas a los círculos del poder. Para ello, los monjes copistas y los monasterios especializados realizaban la elaboración de los mismos. Se prohibía leer libros a la población comun y corriente, la misma Biblia incluida debía ser explicada por los sacerdotes. Todo ello limitaba el aprendizaje así como la enseñanza de la escritura. Asimismo se prohibían las imágenes que no fuesen religiosas, el cuerpo era obsceno y la higiene era tan esasa que el baño diario no existía, esto explica los sábados de gloria y fases como “se bañaba cada día de San Juan” (espaciado por meses). Los bacines con heces y orines se aventaban a la vía pública prvio anuncio del aún vigente: “¡Aguas!”

 

El perfume y los afeites cosméticos se les asociaba con la brujería y la promoción de las adoraciones satánicas.

Contrario a lo que se nos enseñó que Gutemberg inventó la imprenta, la realidad es que fue inventada muchos siglos antes por los Chinos y lo que hizo Gutemberg fue su pefeccionamiento en Europa. Gracias a los intercambios comerciales con el lejano oriente fue como el papel y el lápiz llegaron a los países europeos. Estos instrumentos facilitarían la escritura y el dibujo.

Cuando hablamos de Renacimiento visualizamos las artes y la arquitectura con espléndidos frescos, esculturas y pinturas donde el cuerpo humano se atreve a desnudarse y se inspiran en las épocas griegas y romanas. Artistas que desafiaron al rigor eclesiástico y que muchos de ellos lograron finalmente convencer y ser contratados por las mismas instituciones religiosas para plasmar sus obras de arte en los recintos, rompieron los cánones del arte sacro.

Pero esta maravillosa evolución social contó con la extraordinaria colaboración de las ratas )acuérdense del cuento del Flautista de Hamelin) y en específico de un parásito: La pulga.

Ante el desaseo y falta de higiene colectiva, se propagó entre las poblaciones la llamada Peste bubónica o negra que genraba llagas de color negro en la piel, purulentas y de fácil propagación. Las muertes fueron masivas ante dicha epidemia. Gracias a las pulgas, los príncipes de la iglesia y la nobleza también fallecieron. Ahí fue cuando el concepto de “divinidad hereditaria” fue evidenciada como carente de sustento. La humanidad occidental se abrió a novedosas ideas, se promovió la edición de libros con la consabida enseñanzza de lectoescritura y las artes florecieron. También se da el auge de la perfumería y la cosmética.

Todo revolucionó gracias a la atenta colaboración de la pulga y su eficente vector: la rata.

 

 

 

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