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Por siempre, te esperaré toda la vida

¿Cuántos amores has extraviado a lo largo de tu vida?

Y… ¿Cuántos de esos amores nunca pudiste convertir en una realidad?

El enamoramiento es un fenómenos psico-emocional que todos los seres humanos poseemos y que accesamos a través del tálamo, amígdala e hipotálamo, también conocidos como nuestro “cerebro reptiliano” porque es el umbral de acceso al encéfalo y donde se dan las respuestas no racionales , sino instintivas, casi en automático, donde responde el ancestral reptil que llevamos dentro.

Así, nuestro tálamo es el motor de nuestras señales sensoriales y las retransmite al encéfalo popularmente conocido como cerebro. Lo que percibe, lo facilita o lo inhibe para ser proyectado al infinito enjambre neuronal que se conecta en toda la masa encefálica hasta llegar a la parte donde racionalizamos.

Aunque a simple vista pudiéramos pensar que su función simplemente es la de un puente de comunicación y aduana de lo que entra o no entra, el tálamo tiene gran importancia porque integra los datos sensoriales, los procesa y descarta, contribuye al ciclo de sueño y vigilia, lo que contribuye a regular la sensación de sueño. (ojo: el enamoramiento lo descubrimos como si fuese un bello sueño); tiene un papel muy importante en la consciencia y la atención. Pero los estados conscientes son diferentes a la racionalización que hacemos al tener consciencia, al darnos cuenta de la realidad. Son fenómenos paralelos que contribuyen a que la atención y el lenguaje operen más allá de tener consciencia de ello.

La otra función es la de regular las emociones. Interactúa con las vías neuronales donde aparecen los llamados estados emocionales. Con ello las emociones son reguladas y se ordenan diferentes descargas de hormonas en el torrente sanguíneo. Todo ello puede hacer que se considere al tálamo como un “interruptor de la consciencia” y que podría ser el culpable de que nos enamoremos de la persona equivocada porque no racionalizamos la conveniencia de esa relación. Es nuestro “pepe grillo” que puede ser cómplice o consejero.

Una de nuestras emociones básicas es la alegría. Gracias a la alegría podemos tener un estado emocional que consiste en que una persona es atraída por otra y le produce a nuestro cuerpo un estado de satisfacción, de placentero goce de tener la posibilidad de compartir tantas cosas en la vida con el ser al que nos sentimos atraídos.

Todo esto es unilateral, es decir, nosotros lo estamos sintiendo pero no necesariamente la otra persona lo siente. Posiblemente esa atracción no vaya a tener una respuesta positiva o quizás pasemos inadvertidos para el otro. También puede ser la indiferencia del otro lo que más nos estimule al deseo de la conquista pero si en nosotros prevalece la timidez o la inseguridad, lo más probable es que nunca logremos conquistar el interés de la otra persona.

El enamoramiento es un efecto emocional pasional y difiere del verdadero amor que es una emoción plenamente correspondida. La etapa de enamoramiento se calcula que no pasa de ocho meses, esto explica por qué es necesario un noviazgo.

Sin embargo, al inicio te preguntaba sobre ese enamoramiento que tuviste en alguna etapa de tu vida, que te marcó y que no se consumó pero que permanece latente en tu memoria. Esa relación que ambicionaste tener. Que quizás se dieron unos primeros pasos de acercamiento pero que por “algo” no se consolidó y que en alguno de los nódulos neuronales de tu memoria permanece vigente.

¡Cuántas historias hemos escuchado de personas que se re-encuentran después de muchos años y finalmente se convierten en parejas! Y cuántas miles de historias conocemos de personas que en el ocaso de sus vidas confiesan haber estado perdidamente enamoradas de alguien que nunca pudo ser suyo.

Hay una canción que interpretaba Connie Francis en la década de los 60´s que fue compuesta por Michael Legrand (1966)  para el musical francés de “Los paraguas de Cherburgo” y que refleja esa emoción teñida de frustración por el no alcanzar el objeto amoroso. He aquí un fragmento traducido de su letra:

“Si esto fuera para siempre, esperaré por ti.

Durante mil veranos, esperaré por ti.

Hasta que tu regreses a mi lado,

Hasta que pueda abrazarte,

Hasta que pueda sentir tu suspiro aquí en mis brazos,

Y donde sea que estés deambulando,

Y a donde sea que vayas,

Cada día recuerda cuánto te amo

Tu corazón creerá lo que mi corazón ya sabe:

Que por siempre esperaré por ti.”

 

Todos albergamos un bello recuerdo del amor que nos fue imposible y que aunque el tiempo transcurra, lo seguiremos esperando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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