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La Jaula Invisible 2a. parte

 

 

 

 

 

 

 

 

      

La mejor forma de liberarte de tu propia jaula es cobrando conciencia de cómo la construiste y cuáles son los barrotes que obstaculizan tu propia libertad.

Las culpas

La infancia es una difícil etapa de adaptación al entorno social. Muchos hablan de que la infancia es una etapa de goce y felicidad. La recuerdan desde la memoria romántica y por la lejanía de los acontecimientos pero en realidad, la infancia posee etapas de grandes dificultades de adaptación de incomprensión y crueldad.

Cuando eras pequeño, te encontrabas indefenso de muchas de las agresiones que los adultos cometen —inconscientemente en su mayoría—, pero que impactan sobremanera a la frágil mente del niño. Van desde el tono de la voz: Te tratan como si fueras un bobalicón, hacen bromas pesadas, te atribuyen travesuras que quizás no cometiste, te tantean haciendo como que te dan un juguete y te lo quitan para causarte desesperación y te siembran algo que resultará sumamente terrible para todos tus procesamientos mentales futuros: Te siembran el concepto de CULPA.

La mayor parte de nosotros, crecimos en un ambiente de moral judeocristiana. Ya seamos católicos, cristianos, protestantes o judíos, desde cualquier ideología religiosa, la culpa es una herramienta que va muy vinculada a los miedos. Si algo salió mal, se debe culpar a alguien.

Y a ti te meten en el cerebro que debes cargar siempre con una conciencia de culpabilidad.

¿Existió Adán y Eva?

Eso no importa, lo que importa es que cometieron un PECADO y miles de años, siglos, después, cuando eres niño te inculcan la idea de que tu eres responsable, es decir, eres culpable de lo que esos dos míticos personajes cometieron. Debes cargar la culpa. Recordarás los angustiosos momentos en tu hogar o en la escuela, cuando algún adulto enfurecido preguntaba a los niños sobre quién había hecho tal o cual cosa. También recordarás las respuestas en un coro de voces: “¡Yo no fui…yo no tengo laculpa!” Y cómo buscaban la forma de provocar miedo para que surgieran los delatores y señalaran o acusaran al supuesto culpable.

Recordemos esos terribles momentos que angustian a un niño. Cuántas veces, sin ser responsable del acto reprobado, terminabas castigado con el sentimiento de que era injusto pero que te habían acusado de ser culpable de algo.

Para los que se orientaron religiosamente hacia la creencia en Cristo, el sacrificio en la Cruz viene a ser precisamente el concepto que te inoculan para manejar más la culpa. Por eso en el lenguaje del día con día escuchamos: “Es mi cruz, debo cargar con ella”. “¡Tengo que pagar mis pecados…por mi culpa, por mi santa culpa!

A la culpa se le define como: Falta o delito que comete una persona de forma voluntaria. Es la responsabilidad o causa de un suceso o de una acción negativa o perjudicial que se atribuye a una persona o a una cosa.

“La culpa de que te echaran del instituto es únicamente tuya; el mal tiempo tuvo la culpa de que se suspendiera la regata” Y así vamos por la vida buscando culpables, causas que tengan la culpa, etc.El sentimiento de culpa es una vivencia psicológica que surge a consecuencia de una acción que causa un daño y que provoca un sentimiento de responsabilidad. También puede surgir por la omisión intencionada de un acto.

El sentimiento de culpa así como la manía de estar buscando las culpas en los otros y el temor a cargar emociones negativos por un determinado sentimiento de la culpa, frecuentemente contribuyen a que uno sufra de BAJA AUTOESTIMA:

Baja autoestima

Se le llama así a la dificultad que tenemos las personas para sentirnos valiosas o apreciadas tanto en lo profundo de uno mismo. Dificultad que se manifiesta en sentirnos indignos de ser apreciados, de ser respetados, de ser amados o al menos de ser reconocidos por los demás. Sentimos que no nos merecemos nada bueno.

Generalmente las personas con autoestima baja buscan la aprobación y el reconocimiento de los demás de una forma consciente o inconsciente. Esto los lleva a plantearse el tener dificultad para ser como son, el mostrarse tal y como son en realidad ellas mismas. Se tienen problemas para expresarse libremente sobre lo que piensan, sienten y necesitan. Tienden a enmascarar su real sentir y su forma de ser en sus relaciones interpersonales. Frecuentemente con la autoestima baja nos cuesta mucho trabajo poder decir “no” y si lo llegamos a hacer, nos invade un sentimiento de malestar y de culpa. Al tener baja autoestima, solemos auto-engañarnos con mecanismos de defensa (de negación, intelectualización o racionalización de las causas, fabricando fantasías, buscando culpables, protegiéndonos con un escudo de agresividad, o pretender aparentar lo que no somos, etc.) con estos mecanismos de supuesta defensa hacemos frente a los posibles rechazos sociales, a las ironías, o lo que es peor, a que creemos que se están burlando de nosotros, de que nos ironizan, de que se trata de un acoso y de que sus opiniones son críticas a nuestra persona cuando quizás el otro ni si quiera pretende eso.

La autoestima baja genera ansiedad cuando enfrentamos situaciones íntimadentes o de mayor carga afectiva.

Fabricamos barrotes para nuestra Jaula Invisible

Estos elementos y otros que no sabemos manejar o que se nos han impuesto por los seres que nos rodean, generan una necesidad de auto-protección que se traduce en fabricar los barrotes que servirán para construir una especie de Jaula Invisible en donde buscaremos escondernos y sentirnos seguros.

Los barrotes de nuestra imaginaria Jaula Invisible que vamos construyendo con la edad son muy fuertes y nos permiten resistir todo a costa de nuestra propia libertad y desarrollo. Se pueden enumerar los principales elementos de los que buscamos guarecernos:

  • Miedos
  • Culpas
  • Baja autoestima
  • Impotencia
  • Frustraciones
  • Celos
  • Envidias y muchos más.

De ahí que es fundamental hacer un análisis de los barrotes que hemos colocado en nuestra Jaula Invisible. Una forma sencilla y rápida es hacer una lista de los barrotes que consideremos nos han sido IMPUESTO por otros (personas o instituciones), luego enlistar aquellos barrotes que nosotros mismos nos hemos AUTOIMPUESTO.

 

 

 

 

 

 

 

 

Procedemos a calificar en orden de gravedad a aquellos barrotes que más daño nos han hecho. Junto a cada barrote ya jerarquizado, escribamos la forma en que creemos poder eliminarlo. Es el momento de empezar a trabajar para reducirlos o eliminarlos. Podemos señalar con una flecha, asterisco o marcador de color aquellos barrotes que consideremos más difíciles de eliminar por uno mismo y mientras definimos cuál sería la ayuda más cercana y útil que podemos conseguir para vencerlos, empecemos a eliminar los que sean más sencillos. A medida que quitamos barrotes vamos teniendo mayor fuerza y claridad para combatir los barrotes más difíciles.

Recordemos que esos barrotes se construyen con nuestra propia aceptación antes que nada, no son culpa de nadie. Y si nos fueron impuestos, los podemos eliminar al darnos cuenta del daño que nos hacen.

No debemos auto-engañarnos.

La Jaula es nuestra, es década uno de nosotros y es el enemigo interno que debemos reducir y eliminar. Solo cada uno de nosotros tiene su propia llave para abrir y salir de esa jaula.

¡Intentémoslo!

 

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