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Fotos de Familia

Es común encontrar en todo hogar u oficina un mueble que exhibe fotos enmarcadas de la familia. Si hay oportunidad, se escudriñan meticulosamente y se asocian con las personas que habitan ésa casa o quien está ocupando la oficina.

Son fotos enmarcadas autosustentables, es decir, se sostienen con la ayuda de una bisagra que generalmente tiene un pedazo de madera que sirve de pie.

 

Esa exhibición dice mucho de las personas. Unas muestran orgullosamente a sus hijos o a su pareja, en ocasiones muestran celebraciones importantes como las bodas, bautizos, Bar o Bat Mitzvá, campeonatos deportivos, acompañamientos de personalidades, etc. Son una especie de escaparate o aparador de los afectos.

A principios del siglo XX los daguerrotipos y fotos de los ancestros eran producciones muy sofisticadas donde se realizaban en escenarios falsos, se acompañaban de telones casi teatrales a las espaldas, con uno de los personajes sentado y otros de pie e incluso incluían a sus mascotas.

Los hombres de negocios se tomaban sus fotos muy acicalados de medio cuerpo y traje de levita. Después hubo una temporada en que las fotos blanco y negro las coloreaban pretendiendo de que fueran fotos a color e incluso las recortaban en siluetas que montaban sobre madera.

 

 

Los grandes artistas y compositores de antaño son reconocidos hoy en día gracias a las fotografías. Muchas de ellas en colores sepias que se estilaban como parte de un gusto estético.

 

La compañía AGFA fue la primera que en la Alemania Nazi empezó a producir fotos a color y al poco tiempo la empresa de Rochester N.Y. –la ahora casi extinta Kodak–, empieza a dominar el mercado de la fotografía a color. En Inglaterra floreció Illford y Pathé en Francia.

 

La democratización de la fotografía –sin lugar a dudas—, se logra con las camaritas Brownie de la Kodak y en la década de los 80´s promueven las llamadas Instamatic. Polaroid entra al mercado con las cámaras que permitían revelar, en segundos, las fotos aunque siempre eran deficientes en color, invadidas de azul o morado y un poco incómodas por los olores penetrantes que dejaban.

En el siglo XX se estilaba tomarse fotos en ciertos lugares turísticos en un escenario más que artificial y tenían “props” para ambientar al turista. Así vemos esas fotos de la visita al santuario de la virgen de Guadalupe, con rebozo y sombrero de petate adorando a la virgen, las fotos de los Reyes Magos o Santa Claus que en la Alameda solían hacer romerías de familias esperando tomarse las fotos. Los primeros Santa Clauses estuvieron en la tienda de Sears que hace esquina con la avenida de los Insurgentes y en los almacenes departamentales del centro como Liverpool, Palacio de Hierro, Al Puerto de Veracruz y el Centro Mercantil que ocupaba el ahora Gran Hotel.

Las fotos de familia ahora han sido sustituidas por los teléfonos inteligentes y se les denominan “selfies” que no son otra cosa que instantáneas. La profusión de “selfies” parece una pandemia y en algo han promovido la proliferación de los piojos entre los niños de clase media ya que al juntar sus cabelleras para la “selfie” se contagian de piojos. (estos ectoparásitos prefieren las cabelleras limpias y desmienten el mito de que los piojosos son los pobres y desaseados).

Las fotos de familia se complementaban con los álbumes. Se colocaban las mejores fotos y era común encontrar alguna foto cortada a la mitad o mutilada y cuando los curiosos preguntábamos sobre la razón de estar cortada, la respuesta era evasiva y por lo general te decían: “es de un novio odioso o es de una persona que me hizo daño”.

Las tribus aborígenes de norteamérica evitaban tomarse fotos porque decían que “les robaban el alma” y las fotos han sido muy usadas por los santeros y aficionados a la macumba y magia negra para hacer sus “trabajos” en contra de alguna persona.

Curiosamente, las fotos de familia sirven para dar una apariencia. Nos muestran a una familia unida y proyectan una irrealidad que con el paso del tiempo se convierte en una verdad indestructible. Suegras y nueras o cuñadas aborrecidas sonríen dicen “whiskey” se toman la foto y aparentan ser armónicas amigas.

Los viudos o divorciados insisten en tener las fotos de sus exparejas aduciendo que eran las mamás de sus hijos y que se ofenderían ellos si las quitasen. Las batallas subterráneas de las emociones y críticas son cubiertas por un hermoso velo de paz y armonía en el hogar.

Una familia sin fotos exhibidas es una familia sospechosamente rara y genera la suspicacia de preguntas como: “¿Qué pasado esconden? o “Seguramente son nuevos ricos y se avergüenzan de sus orígenes” y no faltará el comentario artero de: “No tienen fotos porque su familia es de narcos”.

La dinámica de las fotos familiares llegan hasta el cementerio. En el famoso panteón de la Recoleta en Buenos Aires Capital, se estila poner las fotos de los difuntos en las tumbas y es muy popular recorrerlo. Ahí de seguro encuentran a Gardel y a los artistas más connotados pero es casi seguro que encontraremos en una de esas calles la tumba de “Evita” y no es fortuito ver a dos mujeres argentinas desgreñarse frente a la tumba. Una dirá que “Evita” era una santa y la contrincante le dirá que Eva Perón era una rabalera, piruja, saqueadora de la Patria.

Querámoslo o no, las fotos de familia nos narran una historia. Borran resentimientos, exaltan afectos y le dan a las nuevas generaciones una filiación o referencia de dónde vienen sus antepasados.

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