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El patito feo sí existió

Todos en cualquier momento de nuestra infancia escuchamos, leímos o vimos el cuento del patito feo.

Quizás muchos también supimos de “La sirenita”. Invariablemente nuestro imaginario infantil estuvo nutrido de cuentos. Seguramente algunos llegamos a ver niñas que jugaban con muñequitas de papel que les recortaban sus vestidos y  los colocaban sobre las siluetas.

Las muñequitas de papel

Pero pocas veces nos preguntamos si el patito feo existió y me di a la tarea de investigar. Con gran sorpresa descubrí que el hombre feo, solitario, ensimismado y acosado de burlas en la escuela era hijo de un humilde zapatero y una lavandera. Su padre le construyó un teatro guignol y le leía cuentos como “Las mil y una noches”. A los once años ya era huérfano de padre y su madre era alcohólica.

Todo presagiaba que su destino estaba marcado y llegaría a ser un perdedor, un don nadie.

Le tenía miedo a los perros y no comía carne de cerdo porque había oído que daba triquinosis. Tenía pavor a los incendios para lo cual siempre viajó con una cuerda larga para poder escapar de una conflagración. Le aterraba la catalepsia (padecimiento que te hace parecer que has muerto, sin signos vitales y que entierran vivo). En fín, un estuche de fobias.

Su pasión era el teatro por lo que dejó su pueblo natal Odese y se fue a la capital de Dinamarca—Copenhague–, donde logró colarse a trabajar en el Teatro Real.

 

 

 

Casa donde nació Hans Christian  (1805), Odense, Dinamarca.

Le causó lástima al director del Teatro Real, el Sr.Collin, porque como actor era mediocre, con pésima voz y aspecto desagradable. Como el Sr. Jonás Collin  era     asesor del Rey Federico VI logró colocarlo para que estudiara en el Instituto Slagelse y posteriormente en la Universidad de Copenhague.

Sus primeras obras teatrales pasaron al olvido por su deficiente calidad. Sin embargo, en su solitaria y tímida vida empezó a escribir cuentos infantiles que lo posicionaron como uno de los más célebres escritores del mundo.

Llevaba siempre junto a su pecho una carta de amor no correspondido y su última voluntad fue que a su muerte fuera destruida y que nadie pudiese leerla.

Se enamoró varias veces de bellas mujeres pero nunca fue correspondido por lo que vivía en una tremenda soledad y en las noches dibujaba las figuras femeninas en cartones y les confeccionaba vestidos que los iba intercambiando. No se sabe a ciencia cierta si el inventó las muñequitas de papel que se solían usar para que las niñas jugaran recortándoles vestidos y cambiando sus atuendos. Lo que sí se sabe es que proyectaba su ternura y amor por las mujeres amadas a distancia y las plasmaba en sus muñequitas. Como es común de las malas lenguas de doble moral y por su voz tipluda más de una vez lo acusaron de afeminado.

Su pasión era viajar y tuvo la oportunidad de entablar amistad entre los más célebres literatos y músicos de la época, entre ellos, Víctor Hugo, Honorato de Balzac, Alejandro Dumas, Franz Liszt y hasta Charles Dickens.

El patito feo sí existió y al ir madurando no se convirtió en un bello cisne sino en el afamado autor de cuentos inolvidables y más populares traducidos o publicados en cien idiomas, adaptados par teatro, cine u orquestaciones sinfónicas. Es así como la imaginación infantil por más de 200 años se ha nutrido de El traje nuevo del emperador, Las zapatillas rojas, El soldadito de plomo, La niña de los fósforos, El ruiseñor, el Sastrecillo valiente, la sirenita y el infaltable Patito feo.

Murió el 4 de agosto de 1875, con 70 años de edad, una fama bien merecido y un claro ejemplo del género literario denominado: romanticismo.

Hans Christian Andersen

“Disfruta la vida, hay mucho tiempo para estar muerto”

Hans Christian Andersen

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