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Aullar se aprende

Casi todos hemos escuchado la frase “Júntate con lobos que aullar se aprende”.

Y la mayor parte de las personas no hemos tenido contacto con lobos a excepción de los documentales en TV o en nuestras visitas al zoológico.

En realidad la frase nos trata de enseñar que el hecho de juntarte con personas con experiencia siempre te reditúa.

En mi caso quizás se deba a que de pequeño –antes de ir al kinder– pasaba la mayor parte de mi tiempo con mis abuelos. Mis hermanas ya iban a la escuela, mi padre trabajaba y mi madre se ocupaba de toda la operación del hogar, así que los abuelos eran ideales para entretenerme.

Eso me permitió desarrollar las habilidades de comunicarme con personas mayores de mi edad. Se volvió costumbre departir con adultos y poder mantener una conversación medianamente amena.

Esto causó múltiples críticas a lo largo de mi vida por parte de mis amigos y compañeros de escuela que generalmente eran de mi misma edad.

Era frecuente escucharles decir: ¿:Por qué te juntas con viejitos? ¡Cómo puedes tener amigos tan viejos!, etc. Para ellos parecía ser un defecto tener una conectividad intergeneracional.

Para mi fue diferente. Aproveché la experiencia y sabiduría de mis “viejitos”. Así fue que en mis diferentes actividades tuve grandes amistades e inclusive socios cuya diferencia de edades, con distancias entre 40 a 60 años, podrían haber sido abuelos o padres y que nuestra amistad terminaron siendo mis mentores. Podría elaborar una larga lista pero sería injusto omitir alguno de ellos y solo puedo guardarles más que gratitud, admiración profunda, cariño y respeto.

Las personas con experiencia poseen un instinto superior al arrojo que los jóvenes tienen. En ellos la prudencia (prevención), la capacidad de ver más allá (planeación) y el cálculo de eventualidades (racionalización y análisis) son factores decisivos que amortigüan al joven que los escucha y de ellos aprende.

No es fácil. Porque las personas de mayor edad le resultan al joven un poco cuadradas, a veces conservadoras o anticuadas, pero si el aprendiz aquilata lo positivo y aprende a comprender los aspectos negativos, tendrá grandes ventajas competitivas tanto en el campo laboral como el campo de desarrollo personal. También sacrificas a veces tu convivencia juvenil.

En mi prendizaje personal, fue muy provechoso juntarme con esos lobos ya que obtuve ventajas competitivas y a la vez adquirí una herencia del imaginario generacional. Esto significa que supe cómo vivían, cómo se convivía en sus distintos tiempos y cómo era en general el entorno humano de casi un siglo ya que te narraban desde 1895, pasando por la revolución, la consolidación del país después de la gesta revolucionaria, los años de 1930, la industrialización de los 50´s y 60´s, la crisis del 68 hasta lo que vivimos en estos días de apertura democrática. Te contaban desde cómo era el transporte en tranvías de mulitas, la llegada de la energía eléctrica, el nacimiento de la radio, la televisión, la llegada del hombre a la luna, las guerras mundiales, etc. Un tesoro enciclopédico de la vida.

En la reciente campaña por la presidencia volví a escuchar comentarios en contra del candidato ganador. Lo acusaban de “viejito” por solo tener 64 años y evidenciaban su ignorancia de que el cuerpo humano está hecho para: ¡Vivir 120 años!

En una residencia de personas mayores donde colaboro el promedio de las residentes mujeres ya rebasó los 85 años de la actual estadística poblacional y hay un gran número de ellas celebrando sus primeros 100 años.

Después de que ganó abrumadoramente la elección y considerando que la mayoría de los votantes eran jóvenes que quizás votaban por primera vez, causó incredulidad entre los “opinadores” y “expertos” de las ciencias políticas.

¿Por qué votaron por un viejito con posible fragilidad de salud?

Más estupor ha causado el que anunciara su gabinete antes de ser presidente constitucional y que incluyera en el mismo surtido rico donde combina personas consideradas “viejitos”, otros en el borde de la vejez y otros más jóvenes.

Esta nueva situación que vivimos me lleva a recordar mi trayectoria personal donde se combinaba la vinculación entre jóvenes y personas con experiencia. Recordé que si te juntas con lobos aprendes a aullar y que los siglos que lleva la humanidad poblando el planeta siempre se dieron las fórmulas exitosas de las civilizaciones cuando en sus sociedades participaban viejos y jóvenes. No en balde existían los “Consejos de ancianos”.

Creo firmemente que desde una familia hasta un país, se debe incluir a todos. Es más sano incluir que excluir. Incorporar a los niños en las pláticas de adultos es muy útil ya que contribuímos a que maduren, así como escuchar a los ancianos y respetar los criterios de los adolescentes.

Las familias extensas donde se incluyen a los abuelos, primos, tíos, padrinos, asimilados por cariño, tías solteras o divorciadas, viudos, independientemente de que si son amargados, rencorosos, con preferencias diferentes o creencias religiosas, esta mezcla de personas contribuyen a que las nuevas generaciones del núcleo familiar sean más resilientes ante la adversidad.

Aprender a vivir en la manada siempre será mejor que vivir como lobos esteparios.

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