
Sin embargo, los humanos hemos creado todo un maravilloso mito sobre el corazón. Lo vinculamos con el amor, los sentimientos y las emociones más íntimas e inclusive con la fé y religión.
Así vemos que el día de los novios o las tarjetas de amor siempre van acompañadas de un símbolo que representa el corazón. Los enamorados tallan en la corteza de los árboles el símbolo del corazón y ponen las iniciales de la pareja de amorosos.
Verbalizamos frases como: “Me robó el corazón”para expresar que se enamoraron y “Me rompió el corazón” para expresar el duelo de la pérdida amorosa.
Coloquialmente decimos: “Sigue los latidos de tu corazón” y lo equiparamos a la intuición o al también llamado fenómeno de la premonición. En esa expresión típica que decimos “Me late” cuando algo nos vibra bien, nos agrada, nos atrae o “No me late” cuando es lo contrario.
Hay mucho que investigar en las neurociencias pero muchos de nosotros hemos vivido interesantes experiencias de premoniciones, de una anticipación a algún suceso, en donde sentimos que algo puede pasar y finalmente pasa. Es una advertencia que asociamos como presentimiento y que lo traducimos, a veces, en frases como “Hazle caso a los latidos de tu corazón”
Los ritmos de nuestra música interna son indicados por los latidos del corazón y es asociado a la música que el término médico que se vincula al auxiliar cardíaco se le llama “marcapasos”. La música la bailamos ay medimos a base de pasos, sea danza clásica, tango o cumbia o reguetón.
Los musicologos generalmente se refieren a que la música lleva un ritmo semejante a los latidos del corazón y al usar un metrónomo o marcar el solfeo, casi en automático seguimos lo que podría ser el ritmo cardíaco. Quizás por ello la música es algo que nos mueve y afecta a todos. Los ritmos de la música electrónica son más que evidentes con el ritmo cardíaco pero si vamos a escuchar la música y ver los bailes de los pueblos africanos o en los pueblos originarios de México, veremos que el ritmo sigue la frecuencia cardíaca. El ejemplo más claro es el tambor y la chirimía de la música folclórica. Las marchas de guerra o las sinfónicas, nos dictan un ritmo que se empareja a los latidos del corazón.

Mientras las neurociencias nos logran descifrar esos extraños fenómenos de percepción, yo siempre recomiendo que escuchemos a nuestra voz interior, que le hagamos caso a los “latidos de nuestro corazón”…aunque sea solo una bomba que irriga sangre en nuestro cuerpo.
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