Llegó la primavera y nos hemos tenido que guarecer en nuestras casas.
No es para protegernos del frío sino del miedo.
Nos empezamos a ver recelosos unos a los otros. Planteándonos las interrogantes: ¿Estará infectado? ¿Portará el virus tan temido?
Deseamos una distancia que nos separe de cualquier intento de contagio.
Temor a incubar el virus que después de un largo peregrinaje desde los otros continentes llegó a tocar nuestras puertas.
Los abrazos, los besos y las caricias se han ido olvidando para darle paso a la frialdad del saludo lejano. Estamos viviendo un gélido invierno en primavera.
Enjaulados en nuestras habitaciones, ansiosos por predecir el futuro incierto, nos cobijamos en el gel, cloro y alcohol para untarnos de una ilusión sanitaria.
Algunas calles lucen vacías y otras, los enjambres de desquiciados compran rollos de papel sanitario y docenas de latas de atún que en su vida jamás se van a acabar. Los aciagos tiempos de una edad media que se carcome por la plaga de la cólera digital.
Si tan solo dejáramos de esparcir rumores, siguiéramos las sencillas reglas de higiene y entendiérmos que un recogimiento oportuno podrá minimizar el impacto de la pandemia.
Pero no.
Unos dudan, otros hablan de cifras maquilladas, otros creen que hay un complot, algunos más aseguran que es el apocalipsis.
Olvidamos que hemos alterado a la naturaleza, desafiado el orden y equilibrio de un planeta, abusado de los elementos químicos y alterado el orden de las cosas.
De esta lección que estamos cursando habremos de aprender solo una cosa: Nos creímos dioses y estamos descubriendo que somos mortales.
Frágiles y arrogantes que –con nuestra soberbia–, pensamos que todo lo podíamos hacer a nuestro capricho.
No todos lo entenderemos pero de seguro todos lo estaremos padeciendo.
Ahora nos toca esperar el examen y replantearnos muchas cosas, quizás la más importante será dimensionar el valor de nuestra vida, de nuestra existencia saludable.
Nadie de nosotros comprendía cómo y por qué estamos viviendo un crudo invierno en plena primavera.
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