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El cuaderno

Es casi seguro que todos recordamos nuestros primeros cuadernos de la instrucción primaria.

Las mamás les ponían afanosamente las etiquetas con nuestro nombre. Algunas los ponían a mano, otras a máquina de escribir o en las cintas adherentes con letras tridimensionales conocidas como Dymo y hoy quizás lo hacen con la computadora.

Amorosamente los forraban.

Sin embargo, hay un cuaderno que nunca vimos y que normalmente viajamos por la vida sin conocerlo.

Este cuaderno nos lo entregan en blanco. Las primeras páginas las empiezan a escribir nuestros padres. En muchas ocasiones también nuestros abuelos nos escriben algunos párrafos. Después, un buen día, nosotros tendremos que escribir en el cuaderno desconocido. Muchas páginas o pocas –nunca lo sabremos a ciencia cierta—, irán formando nuestro cuaderno.

Al final de nuestros días, cuando llegué el momento de partir, tomaremos discretamente el cuaderno entre nuestras manos y será el único equipaje que llevaremos a cuestas.

Un cuaderno pleno de ternura que nuestros padres nos entregaron en blanco y que nosotros habremos de llenar día con día.

 

El caballo desdentado

 

 

 

 

 

 

 

 

Toda su vida había estado dedicado a jalar una carreta cargada de basura y triques.

El pobre caballo desde joven le quitaron gran parte de sus dientes para colocarle las bridas y los frenos. Así lo obligaban a conducir el pesado carromato.

Con los malos tratos y la edad fue perdiendo la mayoría de sus dientes. Por eso estaba desdentado.  A pesar de ello, la poca cebada o pastura que le daban la masticaba  con dificultad para poderse alimentar.

No importando su lastimoso aspecto que daba imagen de ser un esqueleto con pellejo y ante su deteriorada condición física,  su cruel amo decidió venderlo a un rastro que compraba caballos viejos para sacrificarlos.

En ése rastro, vendían la carne de caballo a los dueños de perros de pelea, que aunque está  prohibido, los mañosos apostadores siempre buscan la oportunidad de reunirse para lanzar a los perros en feroz y mortal combate.

La creencia de que la carne de caballo era buena para alimentar a esos perros –según ellos–, porque los hacía más bravos.

En un corral junto con otras bestias, el pobre caballo desdentado esperaba sus últimas horas antes del sacrificio. Había aprendido a ser muy observador y de pronto se dio cuenta que el empleado dejó la  puerta de las trancas sin cerrar. Y como la vida le había ensañado a ser mañoso, el caballo desdentado empujó la puerta con el hocico. Logró escapar del rastro sin que alguien se diera cuenta.

Ya en plena calle, remontó hacia las colinas de la ciudad. En muchas ocasiones en esos rumbos habían recolectado colchones viejos, desechos de artículos, cartones y pilas enormes de papel periódico. Sabía que en esa zona habitaban los pobladores más ricos en sus residencias rodeadas de jardines y cercanos de la parte más boscosa de la localidad.

Como era una mañana de fin de semana, las calles lucían desiertas y el caballo desdentado apuró el paso. En una de esas enormes calles arboladas se encontró con un niño que plácidamente paseaba en patines.

El niño al verlo se le acercó sin miedo y lo empezó a acariciar. El noble jamelgo bajó el ciuello para que el chico pudiera tentar sus crines y le tuviera confianza.  La simpatía fue mutua y el niño lo condujo hacia su casa que por cierto, tenía un espacioso jardín.

Feliz el muchacho fue a contarle a su madre sobre el hallazgo. Aprovechó su relato para suplicarle le diera permiso de conservarlo en casa. La señora muy preocupada le argumentó que no sabían quién era el dueño, además de que era mucha responsabilidad cuidarlo, produciría basura y habría que limpiar diariamente sus desechos por lo cual debían echarlo nuevamente a la calle.

El niño prometió encargarse de la limpieza del jardín con tal de que pudiera conservar al viejo caballo desdentado.

Ante la nobleza del animal y las hermosas lágrimas del niño que se lo suplicaba, la madre conmovida finalmente  aceptó que el caballo permaneciera en el jardín hasta que apareciera el dueño.  Lo cual nunca sucedió. ¿Quién en este mundo pudiera interesarse por recuperar un caballo viejo, famélico y desdentado?

En los días de mercado,  llegaban la mamá y el niño cargados de provisiones para alimentarlo:  zanahorias , alfalfa, cebada, manzanas y pastura que habían ido a comprar.

El caballo paseaba por el jardín y ramoneaba en el césped en sus ratos libres mientras esperaba que el niño regresara de la escuela.

Como era desdentado, el niño aprendió a cortarle sus porciones de zanahoria y manzana en pequeños pedazos para que se le facilitara alimentarse. También diariamente le limpiaba el estiércol y lavaba el patio donde normalmente el caballo hacía sus necesidades.

El jardinero le construyó un cobertizo y finalmente el caballo desdentado vivió por varios años gozando de la ternura de un niño que se había compadecido de él.

La historia termina aquí pero la enseñanza de ella radica en que debemos aprender que cuando parece que todo es oscuro en nuestras vidas y pensamos que ya no tenemos un camino de esperanza, siempre habrá un ser amable cerca de nosotros que con su ternura sabrá ayudarnos.

 

 

 

Recupera tu ternura (taller de 14 módulos)

Puedes descargar los PDF´s del taller: recupera tu ternura.   Espero te sean de utilidad. Pronto tendás disponible la versión en Podcast (audio)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Recupera tu ternura Módulo 1

2 Recupera tu Ternura Módulo 2

3 Recupera tu Ternura Módulo 3

4 Recupera tu Ternura Módulo 4

5 Recupera tu Ternura Módulo 5

6 Recupera tu Ternura Módulo 6

7 Recupera tu Ternura Módulo 7

8 Recupera tu Ternura Módulo 8

9 Recupera tu Ternura Módulo 9

10 Recupera tu Ternura Módulo 10 El abandono

11 Recupera tu Ternura Módulo 11 Las palabras

12 Recupera tu Ternura Módulo 12 Los prejuicios

13 Recupera tu Ternura Módulo 13 La voz

14 Recupera tu TernuraMódulo 14 Los colores

 

 

 

Lágrimas

Para un proyecto de publicidad tuve la oportunidad de investigar un poco sobre la historia del perfume, que por cierto es fascinante, y que me permitió conocer también un poco sobre el ser humano.

Desde los tiempos más remotos de la historia del hombre, las sustancias aromáticas han fascinado. Desde los chinos, egipcios, romanos hasta las civilizaciones mesoamericanas como los Mexicas o Mayas, el perfume está presente. Hubo una edad oscura donde se prohibió el uso del perfume. Un periodo de más de 400 años donde era pecado impregnarse de un bálsamo aromático y por la simple sospecha eran las personas acusadas de brujería. Fue en la Edad Media que entre sus víctimas por la peste bubónica y la falta de higiene se llevó a la tumba a un Rey que se negó toda su existencia a bañarse porque era de seres impuros y pecadores el bañar al cuerpo. Otras personas se bañaban con una tela o fondo para no verse “sus partes nobles”.

Existen sustancias muy refinadas y difíciles de conseguir que –en una adecuaada mezcla de notas—, conforman una creación de la perfumería. De todas las presentaciones que ofrece la perfumería son los llamados extractos lo que verdaderamente y técnicamente son perfumes. El extracto o ·parfum de parfums” es lo más excelso y una gota como lágrima sirve para crear un agradable sensación que permanee por más tiempo en el cuerpo. Así la cabeza, el cuerpo y la estela o memoria del perfume tienen una mayor fijación y deja los más gratos recuerdos.

Pero para mí también existe un perfume del alma.
Siempre he pensado que las lágrimas sinceras son un extracto puro de los sentimientos. No me refiero a lacrimosa forma de chantajear de ciertas personas que a la mínima provocación estallan en un llanto inundando su rostro de lágrimas para lograr un objetivo mal intencionado.

Las lágrimas que brotan del sentimiento real, de una amorosa expresión de la emoción es una forma maravillosa de manifestar lo que duele, emociona, estimula y manifiesta nuestro íntimo sentir.

Las lágrimas pueden ser expresión de felicidad, de haber logrado una meta, de haber compartirdo la risa con el grupo de amigos o familiares, de sentirnos enternecidos al escuchar una melodía, al leer una poesía o texto, o ver una escena en el teatro o en el cine.

Normalmente a las lágrimas de la felicidad no les damos el mismo valor que a las lágrimas del dolor. Dolor físico o moral, la pérdida de un ser querido, el recuerdo de una etapa de la vida ya consumada, el dolor de ver la agonía o la enfermedad de nuestros seres más amados.

La lágrima que derramamos ante el rompimiento emocional de una relación e inclusive las lágrimas que se vierten ante la desaparición o la ausencia de alguien como es en el caso de las prácticas criminales que escuchamos desde que el hombre es hombre y que en este mundo se practican como los secuestros, crímenes, torturas por motivos políticos o bélicos, etc.

Una lágrima pura, noble y sincera es un extracto que muestra la bondad del ser que la derrama. Es la manifestación de que sentimos, amamos, recordamos, deseamos, etc.

Es la más bella forma de mostrar nuestra ternura y es el “perfume” que sólo cuando se produce en sincera armonía con el sentimiento interno le podems asociar con nuestra gran capacidad de amar.

¡Sal de tu Jaula invisible… construye tu Hogar interior!

Uno solo puede salir de su propia jaula tomando consciencia de los barrotes que nos limitan (miedos, culpas, rencores, duelos no resueltos, etc.)

Salir de tu Jaula

La ternura es un sentimiento que extraviamos a medida en que nos hemos ido construyendo la jaula invisible en donde habitamos con una equivocada comodidad. Pero cuando cobramos clara idea de la jaula que construimos a base de barrotes auto-impuestos o heredados del entorno e impuestos por aquellos que fueron nuestros formadores en las primeras etapas de vida (mamá, papá, abuelos, tutores y maestros), estaremos en un momento definitivo para iniciar la recuperación de nuestra ternura.

Después de la reflexión e identificación de los factores que nos limitan y de ser posible perdonar a aquellos que contribuyeron a encerrarnos en nuestra jaula invisible, debemos de asumir el reto. Hay una anécdota que nos ilustrará esto:

Una vez, un pequeño conejito fue sustraído de la madriguera de su madre y fue puesto en una jaula donde se le proveía alimento y bebida. El animalito creció en un entorno confortable. Su jaula estaba a la salida del granero y covacha donde se almacenaban los aperos de labranza, fertilizantes, etc. A través de las rejas, el conejo veía un amplio campo donde sembraban alfalfa.

Cuando el granjero no andaba merodeando, veía que se acercaban a comer de la suculenta hierba un par de liebres y otros conejos que vivían de forma silvestre. El animal añoraba ver con qué libertad se movían sus congéneres. Añoraba poder saltar y retozar por el campo y poder comer alfalfa directamente del sembradío. Percibía que sería una alfalfa más fresca y no la alfalfa acicalada, ya más seca que le daban diariamente. Su obsesión creció a tal grado que empezó a tratar de abrir los barrotes con sus patas. Lamentablemente, lo único que lograba era lastimarse las patas.

Un día, el granjero al suministrarle su dotación de alimento, sin querer dejó mal atrancada la puerta de la jaula. Bastó que el conejito la empujara levemente con su hocico para que se abriera de par en par. Frente a él, estaba la libertad tan añorada. Dio un salto y se dio cuenta de lo sencillo que era traspasar esos barrotes conociendo la forma de empujar la puerta.

Dio varios saltos hasta llegar a la orilla del sembradío. Probó la deliciosa alfalfa fresca y en un santiamén, se vio rodeado de los conejos silvestres que conversaron sorprendidos de cómo había vivido en tal prisión. Lo invitaron a que se uniera al grupo y se fuera a gozar de su propia libertad.

No habían pasado unos cuántos minutos de la charla cuando nuestro personaje, dudoso, les agradeció la invitación y prefirió regresar a su jaula. Con sus pesuñas regresó la puerta a su posición de cerrada y recuperó su tranquilidad perdida por unos momentos. El granjero regresó y vio que aunque la puerta no estaba atrancada, su conejo permanecía en la jaula. Le dio de comer, surtió de agua el bebedero y cerró la jaula.

Nuevamente, otros días, el granjero se fue descuidando de atrancar la jaula. Y el conejo se empezó a dar sus escapadas al sembradío y a re-encontrarse con los otros conejos y liebres. Cada vez se daba un mayor espacio de tiempo para convivir con los de su especie. Y en cada ocasión fue descubriendo lo agradable que era ser libre.

Un buen día, confiado, cuando ya pretendía regresar a su jaula vio cómo llegaba el granjero y profería gritos al descubrir que el conejo había escapado. Entre los gritos escuchó claramente cuáles eran los propósitos aviesos del granjero:

—¡Maldita sea! Tanto alimento y tanto tiempo he dedicado a engordar a ese maldito conejo y ahora justo que ya lo iba a sacrificar para hacerme un delicioso estofado, se me ha escapado!— profirió el granjero.

Aunque dudaba en regresar, el conejo, estaba seguro de que retornar era sellar su propio destino a una muerte segura. Ante la vacilación, prefirió esconderse y permanecer inmóvil hasta que anocheciera. Despejado el camino, huyó para reunirse con los suyos. Habían sido varios intentos de recobrar su libertad. poco a poco ganó la confianza en sí mismo. Y aunque, no estaba seguro de aceptar su libertad, las circunstancias lo obligaron a hacerlo.

Como podrás haber visto en esta anécdota, salir de nuestra jaula nos costará trabajo pero debemos empezar a intentarlo. Son varios intentos los que tenemos que ir haciendo, eliminando los obstáculos, recuperando nuestra autoestima, dejando atrás aquello del pasado que nos estorbe. En algunos casos, las situaciones imprevistas nos pueden ayudar y arrojarnos hacia la recuperación de nuestra libertad perdida. Pero en todo caso, para salir de nuestra jaula invisible —al igual que el conejo tenía la expectativa del alfalfa y el campo— necesitamos contar con un lugar a dónde poder disfrutar nuestra libertad. A este lugar donde nos mudaremos al salir de la jaula invisible, le llamaremos Hogar interior, ydebemos construirlo conscientemente para que sea un lugar seguro que nos permita nuestro desarrollo pleno.

HOGAR INTERIOR

¿Qué es un hogar?

Como el término indica, hogar proviene del lugar donde se prende fuego, o sea, la hoguera. Nos tenemos que remontar a millones de años atrás cuando los homínidos se convirtieron en Homo sapiens y lograron sobrevivir a los llamados Homo neanderthalis. Habían logrado ser bípedos y descubrieron el fuego. Tener fuego y mantener vivo el fuego representó uno de los más grandes retos de la incipiente humanidad. El fuego empezó a dar muchas ventajas para la sobrevivencia de los clanes o grupos de homínidos y de Homo sapiens. Generalmente eran las mujeres quienes aprendieron a cuidar y alimentar el fuego. Ya fuera que vivieran en cuevas, covachas construidas de palmas, zacate o paja, adobe, madera o bien en los llamados palafitos, ellas tenían que estar velando permanentemente para que no se apagara el fuego.

Ahí se descubre la importancia de tener una hoguera. En torno a la hoguera se reunían los grupos humanos y además de protegerse del frío, ahuyentaban a las fieras y depredadores con el fuego y se sentían protegidos. Es en ése lugar donde se descubre la posibilidad de obtener mejores alimentos a través del cocimiento. Las mujeres a la vez aprenden a moldear el barro y ponerlo al fuego para lograr las piezas de cerámica que les servirán tanto para sus guisos, almacenar alimentos o simplemente acarrear agua.

Ahí nace el concepto de HOGAR y que millones de años después seguimos asociando al lugar cálido, protector llamándole “ nuestro hogar”. En pleno siglo XXI seguimos reuniéndonos en torno de la cocina o en el comedor de la casa para convivir y tomar nuestros alimentos. Usamos una frase que dice mucho: “Hogar, dulce hogar”.

A partir del hogar se da el concepto de casa solariega que era el lugar donde habitaban las familias extensas. Los clanes. Podemos entonces decir que el hogar es donde se reúnen los humanos para calentarse, protegerse, alimentarse y convivir. Sea la cocina, chimenea o el comedor es donde se desarrollan los momentos trascendentales de nuestra convivencia y es por lo que asociamos HOGAR a ése ambiente cálido, amable, familiar e íntimo.

Traduzcamos entonces el mismo concepto al hogar interior que debemos todos tener. En nuestra mente debemos contar con un lugar íntimo, amable, cálido que nos permita convivir con nosotros mismos, con nuestros seres queridos y en donde podamos refugiarnos para protegernos pero no por el miedo o las culpas, sino para protegernos de los agentes estresores de nuestra vida diaria. Debe ser un remanso de comodidad que nos facilite la construcción y desarrollo de nuestro ser.

Hogar interior es ése lugar íntimo, personal, cálido, familiar y amable, donde un ser habita, se nutre, se construye y se protege de forma positiva del exterior.

Todo hogar necesita construirse. Por ende, un hogar interior requiere de ser construido.

¿Cómo se construye un hogar?

  1. Debemos detectar las necesidades que requerimos satisfacer.
  2. Desarrollar un proyecto o Plan, similar a lo que se hace cuando se construye una casa.
  3. Analizar los recursos con los que se cuenta, en éste caso nuestros afectos, amigos, pareja, hijos, etc.
  4. Determinar los materiales que se requieren para construir:
  • Cimientos (valores)
  • Muros (autoestima, límites y respeto)
  • Instalaciones (Capacidad de comunicarnos, escuchar y pensar con la cabeza fría antes de reaccionar)
  • Decorados (cuidado personal, aspecto físico y nuestra ropa)
  • Espacios (tiempo para trabajar, descansar, leer, actividades deportivas, convivencia, leer, estudiar, etc.)
  1. Finalmente instalar a los habitantes del hogar interior que son la TERNURA y el AMOR.    

La Jaula Invisible

La libertad es uno de los dones más preciados para todo ser vivo. Privarse de ella es lo más frustrante. Pero aún más terrible es construir tu propia jaula.

La necesidad del otro

A los pocos instantes después de tu nacimiento y haber experimentado el estrés de salir de ése entorno cálido, rodeado de líquido amniótico, confortablemente protegido en la matriz de tu madre, empezaste a experimentar situaciones y condiciones desconocidas. Ante esos agentes adversos (cambios de temperatura, hambre, sed, etc.) y al no saber cómobastarte a ti mismo y manejar a los estresores, aprendes a llorar, emitir gritos, quejidos, pujidos, etc.

Descubres que necesitas al otro.

Generalmente el otro es tu propia madre. Aquellos que son recluidos en incubadora,será la enfermera. En las maternidades combinarás momentos en la cercanía de tu madre, en su regazo pero también serás atendido por las enfermeras o puericultoras. Necesitar es el primer comando que tu organismo y tu mente aprenderá.

Necesito respirar. Necesito comer., dormir, llamar la atención para que me atiendan, necesito de alguien más para sobrevivir.

A partir de esos reclamos de atención surge entonces la DEPENDENCIA. Es decir, dependo del otro desde mi nacimiento. Descubro que “el otro” me resuelve lo que yo necesito. Asimismo aprendo que para que “el otro” me atienda, yo requiero manifestar mis necesidades.

Mi madre, padre, abuelos y los seres cercanos a mi entorno me mostrarán no solo que atienden a mis necesidades sino que me develarán una emoción que se llama: AFECTO.

 

 

El afecto se percibe a través de vibraciones y energía hasta cierto punto intangibles, es algo invisible que percibimos. A ese enlace se le puede llamar vínculo afectivo. Los vínculos afectivos se van haciendo más fuertes conforme desarrollamos la empatía, la identificación con el otro.

Seguridad, socialización y aprendizaje

A medida que evolucionamos en el nuevo medio ambiente, vamos descubriendo que hay sitios y situaciones en donde nos sentimos seguros y hay otros lugares o momentos en que empezamos a sentir la inseguridad. De esa forma descubrimos procesos para sentirnos más seguros, más confortables y en equilibrio. Cuando percibimos agentes que nos estrenan (estresores) y que nos provocan inseguridad reaccionamos con sorpresa, tratamos de huir de ellos, o los agredimos o nos estresamos negativamente.

Una forma de reducir el sentimiento de inseguridad es en el cual buscamos acompañarnos del “otro” o de los “otros”. Estar con otros seres nos produce una sensación de mayor seguridad que estar aislados o solitarios. Esta gratificante sensación de no estar solo nos va induciendo a la socialización. Formar parte de un grupo, de una familia, de un clan, tribu…es asegurarnos, de “sentirnos seguros” y eso nos permite lograr un equilibrio en nuestras emociones.

Todos estos procesos y experiencias vienen formar parte de nuestros primeros mecanismos cognoscitivos y que comúnmente se denominan como APRENDIZAJE. Aprendemos cómo estar mejor, cómo lograr bienestar. Cuando podemos diferenciar aquello que nos facilita sentirnos seguros de aquello que nos provoca inseguridad, aprendemos con lo ya experimentado y vamos encontrándole sentido al aprendizaje.

El aprendizaje debe ser un proceso gozoso. Eso lo vemos en los bebés que sonríen y nos muestran que se sienten satisfacción cuando “aprenden” ciertas gracias, o cuando aprenden a dar sus primeros pasos. El niño pequeño es una especie de “esponja” que observa, absorbe conocimientos y disfruta de lo que aprende.

También empieza a aprender a cómo hacer que el “otro” reaccione a ciertos estímulos. Es cuando descubre que es capaz de manipular al otro.  El aprendizaje y llegar a dominar aquello aprendido, nos impulsa a experimentar otra necesidad que es la de superarnos. Si damos unos cuantos pasos y ya aprendimos a caminar, entonces queremos superarnos, por eso empezamos a intentar correr y a escaparnos de los brazos protectores de nuestros padres o cuidadores.

Para poder entender este concepto de las necesidades fundamentales del ser humano, recurriremos a Abraham Maslow. La jerarquía de necesidades de Maslow consta de 5 niveles: Los cuatro primeros niveles son necesidades DEFICITARIAS; el nivel superior o último corresponde a las NECESIDADES DE AUTO-REALIZACION o de afirmación del SER.

Las necesidades deficitarias son las más urgentes para la vida del ser humano y pueden ser satisfechas:

  1. Fisiológicas ( Alimento, agua, aire)
  2. Seguridad (Protección, techo, habitación)
  3. Aceptación social (Amor, afecto, sentido de pertenencia, vínculos amistosos)
  4. Autoestima (Éxito material, prestigio social, auto valía)

Las necesidades de autorrealización requieren del trabajo continuo y de la fortaleza del individuo por alcanzarlas. Esta necesidad solo se plantea en el individuo cuando ha logrado satisfacer las anteriores. Hay dos fuerzas:

Las del CRECIMIENTO

Las REGRESIVAS

Las fuerzas de crecimiento impulsan al individuo a ascender en la pirámide. Busca siempre llegar hacia arriba en la jerarquía. Las regresivas empujan a retornar a las necesidades urgentes o prepotentes que se encuentran hacia abajo en la jerarquía. Esto es cuando se dan carestías o pérdidas de lo ya alcanzado. Las necesidades fisiológicas básicas buscan mantener la homeostasis, o sea, el equilibrio de nuestro propio organismo. Cuando fuimos niños pequeños nuestros padres o tutores se encargaron de mantener nuestro equilibrio. Sin embargo, a la par durante nuestro crecimiento, nuestros padres, familiares o maestros —los adultos en general—, nos van creando miedos.

Miedos

Permanentemente estamos bombardeados de “miedos” por todos los que nos rodean. Los miedos son barreras mentales asumidas o auto impuestas. Pueden ser heredados o adquiridos por nuestra propia experiencia de vida. Los miedos / temores paralizan nuestra capacidad de responder o actuar oportuna y rápidamente.

¿Te has preguntado cuáles eran tus “miedos” en la infancia? ¿Cuántos de esos miedos ya los superaste? ¿Y cuántos miedos aún sigues arrastrando?

 

Continuaremos.

Nacimiento

Nueve meses tuvieron que transcurrir —normalmente—, entre el momento de tu propia concepción hasta el alumbramiento o nacimiento. Algunos casos, excepcionales la mayoría, fueron siete u ocho meses. Algunos tuvieron que ser sometidos a una incubadora después de nacer.

Imagínate primero, el momento en que el espermatozoide de tu padre navegaba a toda velocidad, compitiendo contra miles de espermatozoides más, en un torrente devibraciones náuticas, con el afán de llegar a la meta: Un óvulo!

La cabeza de ése espermatozoide de pronto descubre —como si fuese un astrogigante—, como si viese un sol radiante de tonos naranjas y rojos un planeta a donde sólo existe una minúscula compuerta que permitirá el acceso al ganador. Ese óvulo (astro enorme) ha estado esperando toda su vida este momento. Está emitiendo una frecuencia amorosa de darte la bienvenida. Se sabe finito, es decir, sabe que si fracasa y no se fertiliza, correrá la suerte de los solo 300 óvulos que están en la matriz de esa mujer que es tu madre. Si llegara a fallar la fertilización, estaría condenado a morir el espermatozoide y el óvulo a ser desechado en la próxima menstruación. Sin misericordia sería arrancada del ovario. El espermatozoide de tu padre está sumamente fatigado, siente que le faltan fuerzas y nota con desesperación como los rivales espermas se aproximan pretendiendo ganarle la carrera. ¿De dónde sacó las fuerzas? Nadie sabe, pero el hechoes que finalmente llegó a fecundar el óvulo de tu Mamá y se convirtió en tu Papá.

Para que se pudiera dar este maravilloso momento, fue necesario que tu Padre eyaculara, después de haber tenido el consentimiento de tu Madre (eso espero) y —queremos suponerlo— como resultado de un acto de amor. El hecho es que se ha dado un formidable intercambio de genes, se han fusionado en un solo cigoto y partir de ese momento se dará una dulce espera hasta que seas violentamente arrojado de la matriz y veas por primera vez los rayos de sol.

 

 

En el proceso en que tu Padre y tu Madre convinieron tener relaciones sexuales y permitir el embarazo, existieron muchos momentos de expresión amorosa y quizás, digo quizás, porque todo esto es un supuesto, quizás tuvieron momentos de gran ternura donde se expresaron a través de los cinco sentidos aquello que deseamos descubrir ahora y definir es: ¿Qué es la ternura?

Te propongo que juntos busquemos definirlo y después descubrir sus grandes ventajas de poseerlo. Hagamos un primer ejercicio:

Prepara en tu recámara o habitación favorita las condiciones de luz adecuadas. Luz tenue, cerrar las cortinas. Busca que te sientas en un ambiente relajado y acogedor. Apaga el celular y evita ruidos que te distraigan. Si gustas, pon la música que te ayude a relajarte. Una melodía o varias que te agraden sobremanera.

  1. Quítate zapatos, cinturones, o cualquier atadura (collares, cadenas, brazaletes o relojes)
  1. Procura tener la ropa floja u holgada.
  2. Acuéstate boca arriba. pon tus brazos sobre tu pecho o a los costados. Como te sientas más relajado.
  1. Inspira y expira profundamente por 15 veces. Procura hacerlo acompasado.
  2. Cierra los ojos e imagina cómo fueron esos meses de espera antes que nacieras. El latido del corazón de tu mamá y el propio latido tuyo. La tibieza del líquido amniótico que rodea toda tu piel. Te sientes cómodo, tranquilo, relajado. Estas nutriéndote con el conducto umbilical que te une a tu madre. Un tenue color carne rodea todo tu entorno.
  1. Vas a permanecer así por unos minutos y después te preparas para nacer.

Imaginando la emoción de que algo insospechado te va a pasar y tener la sensación de necesitar respirar profundamente al mismo momento en que abras tus ojos y expreses o hasta grites: ¡Estoy vivo! ¡He nacido!

  1. Es el momento de abrir los ojos y respirar profundamente. Procura permanecer quieto en la cama y observa toda la habitación, el techo, las paredes, los muebles, ventanas, etc.

Es el momento para que te sientas muy alegre contento, emocionado porque estás vivo gracias a un acto de ternura. Piensa en este momento, qué te gustaría sentir…escuchar. ¿Acaso sientes la necesidad de que sea tu mamá quien te bese, te cargue y te arrulle? ¿Es tu padre? ¿Ambos? Quizás: ¿tus abuelitos?  Trata de recordar esa sensación tan lejana. Agradece en este momento a tus padres el haberte dado la vida. No importa que después hayas tenido rencores o desavenencias con ellos, es el momento de darles las gracias.  Respira nuevamente quince veces. Ponte de pie y procede a la lectura del siguiente

párrafo:

Nacer    Nacemos como un acto de TERNURA:  Somos una expresión de amor, por eso mezclamos sentimientos con sensaciones. Los sentidos nos ayudan a manifestar en todas las formas ése acto de amor. Es parte de una búsqueda. Una búsqueda de alcanzar el equilibrio y la perfección. Nacer a la vida es un acto gratuito. Es algo dulce, hermoso, lleno de confianza. La ternura de dos personas hace posible el que ahora estés vivo. A partir de este momento, empezarás a establecer lazos invisibles de ternura y amor con otros seres: Tu mamá, tu papá, tus abuelos, en fin con todos los seres que tu decidas entablar un vínculo de empatía. Después serán tus amigos íntimos, tus parejas, el amor de tu vida.

Al romper el primer lazo (cordón umbilical) aprendiste que a partir de ese momento tú, solo tú, podrás establecer lazos invisibles con quienes tu lo desees.También podrás romper lazos con aquellos que no te hacen bien y te desequilibran. Eres un ser completo, entero. Un entero que acoge a otro entero.

La ternura nace dentro de ti. Y a quien primero debes de enlazar con tu ternura es a ti. Después agradecer a quienes gracias a su ternura, te dieron vida. La ternura nace dentro de ti, por eso debes mostrar antes que a nadie, ternura hacia tu persona.  Todos hemos sentido más de una vez la necesidad de ternura. Hay pocaspersonas que son capaces de abrirse, de abandonarse a sus propios sentimientos y a recibir la ternura con toda confianza. Pero con la ternura tienes la posibilidad de crear un espacio en el que tú te encuentres para después seas capaz de manifestarte a otros.

La peor de las pobrezas no está en aquello que nos falta, sino en ignorar todo lo que poseemos.

¡Listo! La asignación para esta semana debe ser de mostrar GRATITUD. Hacia ti, hacia tu Madre y tu Padre (aún cuando ya no estén vivos o cerca de ti, a ellos debes dar las gracias) y a todos los que te han expresado su ternura.  Todas las mañanas cuando despiertes esta semana di en voz alta:

“Gracias __________ por haberme hecho con amor, Gracias a todos los seres que me han dado amor y ternura”  Repite la misma frase al mediodía y antes de acostarte.

 

El nacimiento

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Nueve meses tuvieron que transcurrir —normalmente—, entre el momento de tu propia concepción hasta el  alumbramiento o nacimiento.  Algunos casos,  excepcionales, fueron de  siete u ocho meses y quizás tuvieron que ser sometidos a una incubadora después de nacer.

Imagínate primero, el momento en que el espermatozoide de tu padre navegaba a toda velocidad, compitiendo contra miles de espermatozoides más, en un torrente de vibraciones náuticas, con el afán de llegar a la meta:   ¡Un óvulo!   El de tu madre.

concepto-de-espermatozoide15__Medium_

La cabeza de ése espermatozoide de pronto lo descubre —como si fuese un astro gigante—, como si viese un sol radiante de tonos naranjas y rojos. Un planeta a donde sólo existe una minúscula compuerta que permitirá el acceso al espermatozoide ganador.

300px-Sperm-eggEse óvulo (astro enorme) ha estado esperando toda su vida este momento. Está emitiendo una frecuencia amorosa para darte la bienvenida. Se sabe finito, es decir, sabe que si fracasa y no se le fertiliza, correrá la suerte de los otros 300 óvulos que están en la matriz de esa mujer que es tu madre. Si llegara a fallar la fertilización, estaría condenado a morir, a ser desechada en la próxima menstruación. Sin misericordia sería arrancada de las paredes de la matríz y arrojado al vacío para ser desechado del cuerpo de la mujer.

El espermatozoide de tu padre está sumamente fatigado, siente  que le faltan fuerzas y nota con desesperación como los rivales espermatozoides se aproximan pretendiendo ganarle la carrera. ¿De dónde sacó las fuerzas? Nadie sabe, pero el hecho es que finalmente el espermatozoide de tu padre llegó a fecundar el óvulo de tu madre.

Para que se pudiera dar este maravilloso momento, fue necesario que tu Padre eyaculara, después de haber tenido el consentimiento de tu Madre y —queremos suponerlo— como resultado de un acto de amor.

El hecho es que se ha dado un formidable intercambio de genes, se han fusionado en un solo cigoto y  a partir de ese momento se dará una dulce espera hasta que seas violentamente arrojado de la matriz y veas por primera vez los rayos de sol. O sea: Estabas destinado a nacer.

En el proceso en que tu Padre y tu Madre convinieron tener relaciones sexuales y permitir el embarazo, existieron muchos momentos de expresión amorosa y quizás, digo quizás porque todo esto es un supuesto, quizás tuvieron momentos de gran ternura donde se expresaron a través de los cinco sentidos lo que ellos sentían.

Nacemos por un acto de TERNURA:
Somos una expresión de amor, por eso mezclamos sentimientos con sensaciones. Los sentidos nos ayudan a manifestar en todas las formas ése acto de amor.
Este acto es parte de una búsqueda. Una búsqueda de alcanzar el equilibrio y la perfección.
Nacer a la vida es un acto gratuito. Es algo dulce, hermoso, lleno de confianza. La ternura de dos personas hace posible el que ahora estés vivo. A partir de este momento, empezarás a establecer lazos invisibles de ternura y amor con otros seres: Tu mamá, tu papá, tus abuelos, en fin con todos los seres que tu decidas entablar un vínculo de empatía.
Al romper el primer lazo (cordón umbilical) aprendiste que a partir de ese momento tú, solo tú, podrás establecer lazos invisibles con quienes tu lo desees. También podrás romper lazos con aquellos que no te hacen bien y te desequilibran.
Eres un ser completo, entero. Un entero que acoge a otro entero.
La ternura nace dentro de ti. Y a quien primero debes de enlazar con tu ternura es a ti. Después agradecer a quienes gracias a su ternura, te dieron vida. La ternura nace dentro de ti, por eso debes mostrar antes que a nadie, ternura hacia tu persona.
Todos hemos sentido más de una vez la necesidad de ternura. Hay pocas personas que son capaces de abrirse, de abandonarse a sus propios sentimientos y de recibir la ternura con toda confianza. Pero con la ternura tienes la posibilidad de crear un espacio en el que tú te encuentres para después seas capaz de manifestarte a otros.
La peor de las pobrezas no está en aquello que nos falta, sino en ignorar todo lo que poseemos.

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