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Salvar a los niños

Frecuentemente vemos campañas para salvar delfines, ballenas, vaquitas marinas a punto de extinción. También vemos innumerablles asociaciones y personas nobles que ayudan a perritos o gatitos que viven en la orfandad.

Cuando yo era pequeño de edad veía en el Canal 5 de TV los avisos de personas extraviadas y me sobrecogía la idea de imaginar el perder a una persona, fuera anciano, débil mental o niño. Ahora veo la alerta Amber en el Canal 11. Todos los días se buscan personas en este país.

Recuerdo que el actual eje central de la Ciudad tenía un horrible nombre: “Niño perdido”.

A pesar de verlos en las esquinas pidiendo limosna o haciendo de payasitos o limpiaparabrisas, los niños de la calle siempre son repelidos por nuestra sociedad. Existen ONG´s que se preocupan por ellos y no existen leyes en donde el gobierno debería de quitar la patria potestad a quienes comercian con sus hijos e inclusive a quienes chantajean con los menores cuando se entablan juicios de divorcio. No se diga de los bestias depredadores denominados pederastas.
Alejándonos de los casos más deprimentes que se dan en la infancia, detecto algo muy preocupante, me refiero a los niños que viven con sus padres, que van a la escuela y que aparentemente transitan en la “normalidad”.

Los niños están indefensos y debemos replantearnos muchas conductas en sus procesos de formación para hacerlos resilientes y que puedan salir fortalecidos.

Para los papás es muy fácil hoy en día, darles una tablet o prestarles los teléfonos inteligentes a los chiquitos para “que no den lata”. Los vemos en las cafeterías, sentados en las mesas absortos con los dispositivos mientras los adultos departen quitados de la pena. En otros sitios, los meten a esas áreas infantiles (verdaderos procesadores de niños) donde saltan, brincan y pelean. La tranquilidad de los padres radica en que los sacaron a pasear y jugaron divertidos en las albercas de pelotas.

Sin embargo, el daño que se les está haciendo es grave. Ensimismados en los juegos electrónicos violentos, transitando a toda velocidad por las autopistas digitales, estrellándose, bombardeando, etc. Se alejan del contacto humano, de la conversación filial, de la convivencia en una mesa, de aprender a comer y a estarse sentado mientras los demás comen. A escuchar. Sí, a escuchar, a no interrumpir, a poner atención en el otro, a considerar lo que el otro siente.

La parentalidad juega un fundamental papel al construir a los nuevos ciudadanos. Cada uno de nosotros debe estar muy atento de “salvar a los niños” de la orfandad humana en afectos y atenciones.

Recuperar la imaginación, los cuentos orales, las anécdotas de familia, la sana convivencia con abuelos, primos, tíos, papás, etc.
Los índices de depresión infantil crecen en cifras alarmantes y los suicidios en pre-adolescentes es realmente preocupante.

Y es tan fácil “salvar a los niños“, solo tenemos que:
1. Escucharlos
2. Observarlos
3. Estimularlos de forma positiva
4. Ponerles límites y enseñarles el respeto con el ejemplo.
5. Conversar con ellos
6.Hacerlos que disfruten de la música, de la lectura, de la danza, de los juegos.
7. Sacarlos de la vida sedentaria y enseñarles la naturaleza. Caminar con ellos, correr con ellos…brincar con ellos.
8. Regular el uso de los dispositivos electrónicos y las horas de TV.
9. Enseñarles que hay tiempos: para comer, dormir, divertirse y trabajar.
10. Platicar con ellos y narrarles nuestro linaje (de donde venimos, de quienes nos antecedieron y el por qué es importante tener nuestras propias historias)

¡Ah! Y no se olviden de darles un apapacho, un beso, una caricia, una palmadita…a veces es el mejor bálsamo para la depresión.

Eso ayuda a “salvar a los niños“.

13-04-17

Niños sentados

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