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Por omisión también se es culpable

Cuando una sociedad toca el fondo del abismo se torna complaciente ante el crimen y la corrupción. Desde varias décadas el miedo se inoculó en los ciudadanos mexicanos de ahí que su respuesta sea ignorar la terrible ola de feminicidios y de personas desaparecidas en nuestro país. Es un miedo inducido para paralizarnos como sociedad.

Me he preguntado innumerables veces cuál es la razón para que puedan los hombres atreverse a matar a una mujer, especialmente en un país de tan arraigado matriarcado.

¿Qué pasa por la cabeza de esos criminales? ¿Acaso al asesinar a una mujer están asesinando a su pobre madre?

Quizás esos asesinos fueron hijos de una madre castrante que les sumergió en el torbellino del machismo trasnochado y en forma simbólica al cometer esos deleznables crímenes están matando al objeto de sus frustraciones: A su propia madre.

Quizás fueron hijos de una madre desapegada que les enseñó que la única forma de de mostrar amor a través de la tortura y la violencia. A lo mejor eso explica la exagerada euforia de celebrar el día de la madre o a la Guadalupana como “madre de todos los mexicanos” como síntoma de culpa.

También me custiono la abulkia de las autoridades en la acción preventiva y punitiva.

Pero para poder entender la apatía de nuestro gobierno a tan grave problemática solo nos queda ver el pasado de cada uno de ellos.

¿Cómo son los antecedentes familiares de quienes han ocupado los cargos de la presidencia o de las gubernaturas de nuestro país? ¿A qué grado de disfuncionalidad llegaron para no interesarse en hacer un programa urgente de salvamento y prevención del maltrato intrafamiliar?

Los feminicidas anónimos producen en promedio 7 asesinatos al día en todo el país. Si multiplicamos esos crímenes por un año tenemos 2,555 mujeres asesinadas. Un sexenio de Calderón o Peña Nieto produjeron 15,330 mujeres muertas por crímenes de género. Eso tan solo en los últimos dos sexenios. ¿Y las esposas que les llaman “primeras damas” qué han hecho por las mujeres?

¿Acaso influyeron en sus maridos para detener los crímenes de género?

Existe para mi el “feminicido por omisión” y en ésta clasificación ubico a estos gobernantes que “toleran” el silencio. Son cobardes que se esconden en homenajes para el ejército, en giras insulsas para inaugurar obras que son parte de su obligación o se encierrn en sus casas de gobierno o en Los Pinos para hacer eventos con invitados acarreados. De todo el dinero que han gastado en publicidad y en fastuosas ceremonias bicentenarias no han invertido un solo peso en campañas de prevención ni en diseñar programas para educar a la población en el respeto hacia las mujeres.

Nunca olvidaré el día en que estuve en una elegante boda. Una mujer cuyo rostro se me hacía conocido se sentó en la misma banca donde yo esperaba el incio de la ceremonia. Ella iba acompañada de sus jóvenes hijos. Un político se acercó a ella a saludarla. La mujer se puso de pie y lo abrazó. En ése momento el individuo le dijo: ¿Y cómo está Carlos?

Ella cambió de semblante y con voz enérgica le dijo:

“¡Si quieres seguir siendo mi amigo nunca más me mientes el nombre de ése hijo de la c…!

Era Cecilia Ocelli.

El problema que vivimos como nación solo lo podemos resolver nosotros los ciudadanos.

De foma urgente debemos empezar a cobrar conciencia, a contagiar a por lo menos seis amistades nuestras en la urgente necesidad de unirnos con un enérgico reclamo y gritarle a las “autoridades”: ¡Ni una más!

Señalar a despreciables seres como Diego Fernández qude Cevallos que se refirió de las mujeres “como escopetas que deben estar cargadas y en la cocina o de un Vicente Fox que se atrevió a decir: “Las mujeres son como lavadoras pero de dos patas”. A los comunicadores que en sus programas se burlan u ofenden a las mujeres, a los jerarcas católicos que se atreven decir que “las mujeres provocan a los hombre s y que por eso las matan”, a una Margarita Zavala cómplice del encubrimiento del asesinato en la guardería ABC y es “feminicida por omisión” ya que se mantuvo indiferente del incremento de feminicidios en el sexenio de la “guerra al narcotráfico”.

Por el respeto de nuestras mujeres, debemos unirnos en la cruzada de: ¡Ni una más!

 

 

Angustia

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