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Penúltimo milagro

Como dije anteriormente yo respeto a todas las religiones. No pretendo aparecer como “mocho” ni como católico. Les narro situaciones curiosas en donde he participado con la asistencia del constructo imaginario o real de San Antonio. Por ello, ésta es mi penúltima entrega sobre el tema.

Ella es judía, observa sus preceptos y jamás hubiera pretendido convertirla a otra religión. Llevaba varios años de divorciada y su exmarido ya tenía pareja. Ella en cambio estaba dedicada a sus hijos, nietos y a su trabajo. Sin embargo, como es natural, me manifestaba sentirse sola.

Pretendientes no le faltaban, aunque el típico caso de hombres ya muy hechos, con sus mañas y profundamente egocéntricos donde lo que buscaban era una acompañante dócil y sumisa. Cosa que mi amiga distaba mucho de ése prototipo.

Me enteré que viajaría a Portugal e inmediatamente le sugerí que estando en Lisboa, se fuera al centro de la ciudad y caminara unas cuantas cuadras ascendiendo por las enpinadas calles que revisten lo que fuera un cerro y fuese a visitar el templo de San Antonio de Padua que está junto a la que fue casa del eminente varón y que ahora alberga su museo.

Me miró a regañadientes y confieso, me sentí un poco estúpido proponiéndole que fuese a una iglesia a pedir un favor sabiendo que ella no creía en eso.

Finalmente fue a Lisboa.

Y a su regreso me contó, un poco en tono de broma y un poco en tono de incrédula, que estando en el centro de Lisboa preguntó por el templo y fue a visitarlo.

–¡Ay la verdad lo hice solo para complacerte!–, me dijo con su hermosa sonrisa.

Reímos.

Siguiendo la broma le dije: “Te vas a acordar de mi. Más pronto que tarde tendrás pareja. San Antonio es muy milagroso.

Pasaron casi tres meses, trece semanas (número cabalístico de San Antonio) y un buen día me llama y me dice:

“ Qué crees, conocí a un galán. Es muy culto y simpático pero no sé, es mucho mayor que yo”.

A lo que le repuse: “No te cierres, conócelo bien. Toda mujer debe preferir un hombre mayor que ella, eso le da la sensación de protección y de seguro será más tierno contigo que un muchachón más joven que te vea al poco rato como vieja desechable”.

–Tienes razón–, concluyó y nos despedimos.

A la siguiente semana, me llamó. Su voz dentotaba alegría desbordada:

–¡Ya tengo novio!,– exclamó con gusto., –No sabes que rara me siento, hace muchos años que no sentía mariposas en el estómago. Es tan caballeroso, su plática amena y me trata con tal delicadeza. ¡Estoy Feliz! San Antonio sí funcionó.

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