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Madre ausente

En estos días que se celebran a las madres y la euforia que esto causa en casi toda la población vamos a reflexionar sobre el concepto de: “Madre ausente”.

No me refiero a la madre que ha partido y que cada persona vive en su duelo muy personal ni a la icónica canción de Juan Gabriel (Amor Eterno).

No.

Madre ausente es un concepto más inquietante y quizás mucho más doloroso. Es una ausencia que deja huella de por vida.

Mi abuelo materno me contaba que fueron 13 hijos los que procreó su madre. Aunque eran de una posición económica privilegiada (su padre tenía la fábrica de aceites que proveía del combustible para la iluminación de la Ciudad de México aprox. 1895).

La casa familiar adjunta a la fábrica en la calle de Buen Tono y Ernesto Pugibet junto al Mercado de San Juan. Por ser el mayor de los hijos, le tocaban sus habitaciones al extremo de la finca y contaba hasta con un patio propio. Alejado de las habitaciones de sus padres. Materialmente nunca convivió con su madre ya que permanentemente la mujer estaba embarazada u ocupada con un bebé en brazos, encerrada en su oscura habitación. Ésa era la imagen que mi abuelo tenía de su madre.

Durante sus primeros 15 años mi abuelo fue criado y educado por su nana Paz, que también había sido su nodriza. A ésa edad, la mamá de mi abuelo murió y en unos dos años más también su padre muere quedando huérfano y encargado de sus 12 hermanos. Siendo yo niño conocí a la nana de mi abuelo pues a sus 100 años ella aún vivía. Yo acompañaba a mi abuelo a llevarle una mesada mensual con la que vivía la ancianita. Mi abuelo ya estaba encanecido. Me repetía de vez en cuando: “Paz me quiso más que mi madre. Y yo quiero más a Paz que a mi madre fantasmal, siempre ausente”.

La madre ausente es una figura que se da con cierta regularidad. Es la madre que procrea a demasiados hijos y no tiene tiempo para ser realmente una mamá. También la que tiene que trabajar y delega la maternidad a la abuela o suegra o a la guardería.

Hay otras mamás que detestan ser madres y delegan esa actividad a las sirvientas, enfermeras (cuando son económicamente posibles de pagar).

En las familias ricas y muy comprometidas en actividades sociales he visto que la madre ausente siempre tiene comidas, cenas, juega cartas, hace obras de caridad, son voluntarias en hospitales de personas adineradas, ayudan en la iglesia o templo y materialmente dejan el nido vacío de su presencia.

Hay tristes casos de madres ausentes por el alcohol y las drogas. Los hijos crecen en una permanente agonía ante una madre tambaleante, vociferante de maldiciones o rodeada de vómitos y orines.

No olvidemos las madres ausentes por depresión. Con patologías mentales graves que viven ensimismadas en sus “mundos” y dejan a sus hijos a la “buena de dios”. La abuela, la suegra, la tía o el ama de llaves o la muchacha que se encargan de que los niños vayan a la escuela, hagan las tareas, merienden y se acuesten. Madres ausentes por la migraña que piden sepulcral silencio en el hogar porque sufren de terribles dolores de cabeza y les molesta la luz el ruido de los niños.

Recuerdo a un amigo de la escuela que vivía en una lujosa mansión. Su madre siempre estaba encerrada en su recámara. Un día la vi pues ella había dejado la puerta entreabierta. Estaba sentada en un sillón —en la penumbra de su gran habitación— y arrullaba a una figura de un niño Dios (quizás de cerámica o porcelana). Mi amigo terminó suicidándose.

La “madre ausente” genera carencias afectivas muy difíciles de subsanar.

En años recientes he notado un fenómeno que va en aumento y es el de los “Padres solteros”. Por lo menos ya conozco a más de 10 hombres que son abandonados por sus mujeres y les dejan la custodia de sus hijos. Hombres que de un día para otro se transforman en Papás-Mamás de sus propios hijos y deben adaptarse a una dinámica diferente. Tan angustiante y diferente cambio de vida como puede ser el tener toda la responsabilidad de la crianza, vestido, alimentación e inclusive ir a los Festivales del Día de la Madre y convivir con las mamás y abuelas de los compañeros de sus hijos. Los hijos de esos hombres son hijos de “madre ausente”.

¿Cómo le explicas a un chiquitín que su madre los dejó?

¿Cómo les dices a los niños que ésa mujer que está encerrada en su mundo debería ser una madre común y corriente a la que todo mundo adora y celebra en estos días?

¿Cómo perciben los hijos a la madre que aún estando físicamente presente se ha ausentado de sus vidas emocionales?

¿Qué sentirán los hijos de madres ausentes cuando ven los comerciales cargados de emociones afectivas que se transmiten por televisión en estos días?

No todos sienten la ausencia de su madre frente a una tumba o una fotografía. Algunos sienten la ausencia de su madre aunque este a escasos centímetros de sus propios brazos.

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