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Las palabras

Pocas veces le damos importancia a las palabras. Pensamos que es algo que fluye de forma natural. Hay solo una temporada en el desarrollo del ser humano en donde se pone mucho énfasis en las palabras. Es cuando los padres y abuelos se llenan de regocijo al ver balbucear al bebé y emitir sus primeros sonidos guturales hasta que llegan a articular la palabra “mamá”.

Es fiesta familiar cuando se escuchan las primeras palabras. También es un entusiasta esfuerzo de las tías, abuelas o cocineras que tratan de hacer hablar a un loro.

Pero las palabras van más allá de esos pueriles ejemplos y es cuando se descubre la riqueza que encierran las palabras.

Con más de 300,000 palabras el español (que no debemos decirle castellano) es una de las lenguas vivas más ricas del planeta. Y se enriqueció más en México con el mestizaje de palabras nahuas, mayas y delas más de 62 lenguas locales.

Desgraciadamente las personas vamos perdiendo el uso de nuestro léxico y vamos incrementando la ignorancia. A mi me parece patético ver los anuncios de televisión que usan frases rúbricas en inglés. Más terrible es escuchar a los locutores que pronuncian mal ése idioma. Un ejemplo era de la compañía Nissan que tenía por frase “shift into the future” (cambia hacia el futuro) pero el locutor lo pronunciaba tan mal que se entendía como “shit the future” (el futuro es mierda).

Hace años le ayudé a una chica que terminaba su licenciatura de Administración de Instituciones a escribir un libro sobre “Protocolo en la diplomacia”. Me pareció muy interesante la parte donde dice que los mandatarios, presidentes, reyes o representantes de gobierno NUNCA deben hablar en otro idioma que no sea el oficial y que SIEMPRE deben ir acompañados de un perito traductor. Por eso jamás hemos visto a la Reina Isabel hablar otro idioma que no sea inglés aunque al parecer ella domina más de tres.

 

 

Las palabras son delicados ingredientes de las frases y las frases pueden adquirir distintos sentidos, es la raíz de la semiótica. Pero en sí mismas las palabras poseen diversos atributos:

Emocionales: Acarician, recuerdan, reafirman sentimientos, arrullan, provocan, sacuden, despiertan, golpean y dejan huellas.

Descriptivos: Narran o cuentan, explican, ilustran, precisan y contribuyen a despertar la imaginación.

Destructivos: Denigran, insultan, ofenden, calumnian, mienten, traicionan y engañan.

En fin, hay infinidad de formas en que las palabras construyen o destruyen.

También hay ausencia de ellas. Palabras silentes: Me dejó sin palabras, calló y no sabía lo que me quería decir, ya no me habla, me escribió frases sin sentido, me hizo la ley del hielo, etc.

Existen las palabras que evolucionan en su sentido: Mamá o Mami, se convierte en insulto en México, o refeerencia de algo inservible: “vale para pura madre” o la empequeñece: “es una madrecita”.

Lo más maravilloso de las palabras es saberlas usar. Aprovecharlas para ser claros, concretos y hacer eficiente nuestra comunicación.

La regla de las tres palabras diarias es una sana práctica:

  1. Aprende una nueva palabra cada día.
  2. Usa la palabra adecuada para cada cosa (elimina los “sí güey, éste, entiendes, pos, etc.)
  3. Busca que todas tus palabras lleven una carga positiva (reduce el uso de palabras groseras, maldiciones, criticoas, insultos, etc.)

Las estadísticas coinciden en que la primer palabra que la mayoría aprendió fue “Mamá” y muy probablemente la última, al estar agonizando, regreses a decir: Mamá.

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