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¿Cuál es la prisa?

Old_Pendulum_clockEl tiempo es un elemento subjetivo que generalmente optamos por convertirlo en un monstruo que nos acecha.
Frecuentemente nos quejamos de que queremos hacer algo pero no nos alcanza el tiempo.
Este monstruo nos empieza a taladrar y confunde más nuestras acciones hasta llegar el momento en que realmente nos paralizamos y descubrimos que no pudimos hacer nada.
De ahí que exista la famosa frase “calmados y nos amanecemos”,
 
Vamos por la calle y no falta aquél peatón que casi nos empuja por avanzar, o el automovilista que va zigzagueando para rebasar a todos, aún cuando en el intento exponga su seguridad y la de los demás.
Esa urgencia de inmediatez, la prisa de que te atiendan rápido en una tienda o de que te envíen en 30 segundos una pizza que finalmente engullirás hasta en 2 horas cuando materialmente esté fría e intragable. Yo he visto a muchacos accidentarse llevando las pizzas a domicilio y también a sádicos que les están contando los minutos para abusivamente recibir el envío y argumentar que llegaron tarde para no pagarla.
 
Ayer me avisaron que un compañero de la secundaria había fallecido. Escasamente una semana lo habíamos visto. Llegó retrasado a una reunión que teníamos para ver la publicación de su libro sobre sus andanzas en el mundo, en donde había contribuido a proyectos de rescate de especies en extinción.
 
Llegó feliz a la cafetería donde le esperábamos. Acababa de regresar de un viaje que había hecho a Israel y en donde coincidió para convivir con su hijo y nuera. Pasearon por todas partes y eufórico describía su experiencia.
 
Hablamos de su libro y ante la idea de que se tendría que invertir alguna cantidad para publicarlos, mencionó que por el momento quizás no lo haría ya que estaba más enfoocado en una fundación que había creado para salvar fauna y flora de nuestro país. La publicación podría esperar mientras se juntaban los fondos.
 
“¿Cuál es la prisa?” fue la frase que atravesó mi mente.
 
Otro querido amigo me comentó –hace unos días–, que le acababan de detectar cáncer y que estaba poniendo sus “cosas” en orden para no dejar problemas. Recordé que siempre había tenido prisa por hacer las cosas: transacciones, negocios, ventas o compras. Siempre con una urgencia y desesperación por ganarle tiempo al tiempo.
 
Nuevamente me atravesó en mi mente la frase: ¿Cuál es la prisa?
 
Podríamos pensar que es una contradicción lo que menciono ya que estoy proponiendo que debemos domesticar al monstruo de la inmediatez del tiempo. Pero no, lo traigo a colación porque a veces le damos más prioridad a nuestro trabajo, negocio, a la acumulación del dinero y descuidamos lo más importante que es el aprovechar el tiempo para gozar la vida.
 
El amigo que ya partió, le dio prioridad a gozar su vida en estos últimos años, dejó todo y se fue a ése viaje que de regreso lo atesoró con entusiasmo. Al otro amigo en cambio, su prisa por acumular y avanzar en todo, le frenó de pronto la circunstancial posibilidad de seguir con vida y ahora requiere de tiempo, pero nuevamente no es para gozar de su vida sino para dejarles a los demás todo lo que acumuló en vida, pero eso sí: bien repartido.
 
Yo me pregunto y comparto contigo ésta idea: ¿Cuál es la prisa por destruir nuestras vidas angustiándonos por las cosas que sabemos no podremos hacer o porque nos alcance el tiempo para hacerlas?
 
Te propongo detengamos ésa furiosa carrera contra el tiempo. Respiremos diez veces con profunda tranquilidad y organicemos nuestra mente.
 
Toma un lápiz y papel, escribe tus diez prioridades en la vida.
 
Luego, regatéate a ti mismo cinco prioridades que no podrías cumplir.
Con las cinco que te quedan y en perfecto orden de importancia, traza un círculo y divídelo en gajos hasta tener 24 rebanadas de tiempo. Bloquea los 8 gajos que corresponden al sueño reparador nocturno y aseo matinal.
Destina 2 gajos más para tus alimentos diarios.
Te quedan 14 rebanadas de tiempo al día.
¿Trabajas? Resta 8 horas. ¿Ya no trabajas? Destina esas 8 horas para un nuevo trabajo comunitario.
Te quedan 6 maravillosas horas. ¿En qué las vas a utilizar? Tienes 5 prioridades. distribuye equitativamente una rebanada. Te resta sólo 1 rebanada de tiempo.
Déjalo sin asignarle nada. Al día, regálate una hora para ti.
Una sensacional hora para pensar, meditar, para dejar volar tu imaginación, para consentirte, para dar gracias a la vida que tienes.
Y realizado todo esto, pregúntate: ¿Cuál es la prisa para atropellar mi vida en aras de un tiempo que jamás podré calcular ni conocer la cantidad de tiempo que me queda para vivirlo?

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